Cuando
CAP Llevó un Contrabando
En pleno
ajetreo de que si Felipe González vendrá o no vendrá como asesor de los
abogados defensores de los presos políticos, tras la suspensión de la vista,
una vez más, el ex presidente español ha decidido venir cuando la nueva fecha
sea confirmada.
No cabe
duda que el gobierno no sabe cómo resolver la papeleta y ha optado por enésima
vez ordenar al tribunal del caso – ya se sabe, tan autónomo – alargar la cosa.
Era
previsible tan socorrido truco pues lo han utilizado “n” veces; pero las
circunstancias cambian y ante un asesor tan incómodo como González, van a tener
que medir sus pasos ya que no se trata de un cualquiera. No les será fácil
ningunear a un político socialista que entre otras ocupaciones ha sido:
Secretario General del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) 1974-1997;
Portavoz del Grupo Socialista en el Congreso de los Diputados de España, 1977-1979;
Presidente del Gobierno de España, 1982-1996 durante tres periodos consecutivos;
Presidente de turno del Consejo Europeo en 1989 y 1995.
En 2007, los Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea, reunidos en el Consejo Europeo en Bruselas, designaron a González como presidente del Comité de Sabios,
Grupo de Reflexión sobre el Futuro de Europa, formado por nueve personalidades
de reconocido prestigio político y académico, algunos premiados con el Nobel,
con el encargo de presentar un informe, en junio de 2010, sobre el rumbo y objetivos de la Unión Europea, de cara al horizonte de
los años de 2020 a 2030. Vamos, que no debe carecer de cierto entrenamiento para planificar.
Cuando el
ex-mandatario español anunció en Marzo pasado su intención de venir a
Venezuela, los poderes fácticos con la unanimidad que los caracteriza, cargaron
raudamente y sin pensarlo dos veces contra González. Lo pusieron a parir como
sólo ellos saben hacerlo.
La
Asamblea Nacional lo declaró persona “non grata”, cuestión que no es muy seguro
que sea de su competencia a propuesta del mini socio Partido Comunista de
Venezuela (PCV), a lo cual el resto de los diputados de la bancada
gubernamental aprobaron diligentemente por aclamación. Por otro lado, la Fiscal
de la República aseveró que el señor González no podía ejercer de abogado en
este país.
Y el
Gobierno venezolano, en boca de su presidente, dijo que si viene “no lo
considerará bienvenido”, (¡vaya novedad!), y que no se le prestará ningún
apoyo, añadiendo la siguiente perla: que si decide venir “lo hará por su cuenta
y riesgo y bajo su responsabilidad”, cosa que no debe encerrar ningún peligro
dado que, como se sabe, este país goza de una paz y seguridad plena.
Ahora el
caso en cuestión está bajo la lupa internacional de todos los países firmantes,
al igual que Venezuela, de los tratados en defensa de los Derechos Humanos, con
todas las organizaciones existentes (ONU, OEA, UE y muchas más), además de
formar parte de la Constitución venezolana vigente, esa que propuso el
presidente anterior y fue aprobada ampliamente en referéndum.
Ya saben
ustedes: “dentro de la Constitución todo, fuera de la Constitución nada”,
aquella tonada que se cansó de repetir Urbi et Orbi el comandante eterno.
También es sabido que cuando le venía pequeña se la saltaba a la torera tras
pedir poderes especiales que su Asamblea le otorgaba raudamente, con frecuencia
apenas en horas, sin afanarse mucho en saber para qué.
Siguiendo
ese ejemplo, el actual gobierno, sin medir sus palabras, se ha cansado de
intentar denigrar a Felipe González, que “osadamente” pretende venir en su
calidad de abogado para ayudar a defender a los presos, esos que llevan años
sin que se les haya hecho un juicio como mandan los cánones. No está claro –
como tantas y tantas cosas – qué hará el gobierno.
A primera
vista puede negarle la entrada al país cuando llegue a Maiquetía, pero será
probablemente en presencia de una nube de enviados especiales de todos los
medios de difusión internacionales que asistirán a ver qué sucede, como es lo
suyo, o, tal vez le permitan el ingreso con las condiciones que ya han
manifestado al unísono todos los poderes autónomos constituidos.
Mientras,
los medios de difusión internacionales han tomado buena nota, difundiendo
profusamente qué clase de talante abriga el gobierno de esta nación, lo que
explica perfectamente cómo las cosas por aquí estén como están.
Todo esto
se percibe como una rabieta. Tras vituperar a las Cortes españolas por el
comunicado que aprobaron y difundieron, conminando a que soltaran a los presos
políticos, la emprendieron con el gobierno de Rajoy, que aún no había dicho
esta boca es mía, ignorando que en España son poderes diferentes y por
extensión, la emprendieron con el ex-presidente Aznar acusándolo de “tener las
manos manchadas de sangre” (sic) al igual que las de Felipe González, quien
comentó sucintamente: "La actitud negativa del Gobierno venezolano no
va a impedir que defienda, por convicción y principios, aquello en lo que
creo".
Sorprende
sin embargo, el afán de González en venir a Venezuela con lo crudo que se lo
ponen. Tal vez pueda encontrarse un motivo a tal querencia en el pasado.
En 1974
el Régimen del General Franco, aún en el poder, que había abolido en 1939 todos
los partidos políticos menos el suyo, Falange Española, mientras, los demás
partidos estaban en el exilio, al igual que el Gobierno Republicano.
Ese año
en la ciudad de Suresnes (Francia), el Partido Socialista Obrero Español (PSOE)
fue renovado por una nueva generación de políticos, el Secretario General y
líder se llamaba Isidoro, (nombre clave). El PSOE se adhirió a la Social
Democracia, abandonando las veleidades marxistas y pseudo-comunistas.
Carlos
Andrés Perez (CAP) por entonces fue nombrado Vicepresidente de la Internacional
Socialista; allí debió conocer a Isidoro que ante la inminente muerte de Franco
esperaba el momento de regresar a España. Simpatizaron y CAP prometió ayudarlo.
El contrabando
Recién
muerto Franco, Adolfo Suarez inició una difícil transición. Para poder formar
un régimen democrático era imprescindible legalizar a todos los partidos
políticos; las principales dificultades surgían para legalizar a los comunistas
(PCE) y al PSOE, pues aún los franquistas dominaban las Cortes de España en su
totalidad.
En 1976
las legalizaciones de los partidos políticos aún no se habían concretado,
cuando CAP al regreso del Congreso Social Demócrata en Suiza, hizo una visita
de Estado a España -- ya era presidente de Venezuela – y en el aeropuerto de
Madrid según el protocolo, fue recibido por los Reyes de España. Tras los
saludos de rigor, CAP le dijo discretamente a Juan Carlos I: “Majestad, en
el avión traigo contrabando”.
Por una
puerta auxiliar, confundiéndose entre la comitiva oficial del Presidente Pérez,
se bajó discretamente el Secretario General del PSOE aún ilegal en España,
Isidoro, es decir, Felipe González. Tal vez esto explique el interés del ex
presidente español en venir y retribuir la deuda contraída con la democracia
venezolana.
carlosmmontenegro22@gmail.com

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