sábado, 4 de octubre de 2014

Pedro Pablo Fernández La historia que se repite



Estamos a las puertas de un ineludible ajuste que debe incluir políticas sociales compensatorias para paliar sus efectos sobre las familias
La historia que estamos viviendo ya la vivimos antes. Durante los años 70 las economías de América Latina, que estaban en franco crecimiento, se endeudaron para desarrollar ambiciosos planes de industrialización e infraestructura. 
Eran tiempos del Keynesianismo en el que se proponía que el Estado debía aumentar el gasto público para que creciera la demanda y se incrementara la inversión y el empleo. Esa tesis es incuestionable desde el punto de vista de la teoría económica, de hecho todos los países en algún momento han expandido deliberadamente el gasto público para reactivar su economía. El problema es que esa política funciona solo si es aplicada racionalmente y acompañada de otras que aumenten la productividad y fomenten inversiones en el largo plazo porque los recursos que se obtienen vía endeudamiento para que el Estado gaste más de lo que le ingresa hoy comprometen sus recursos en el futuro.
Durante aquellos años Latinoamérica cuadruplicó su deuda externa de 75 mil millones de dólares en 1975 a más de 315 mil millones de dólares en 1983. Eso representaba 50% del producto interno bruto de la región. La deuda se hizo impagable y estalló la crisis que trajo como consecuencia lo que se denominó “la década perdida de América Latina”. 
Vencieron los préstamos, los bancos se negaron a refinanciar y miles de millones de dólares que sirvieron para aumentar el gasto público ahora debían ser pagados inmediatamente. Apareció el FMI para auxiliar a los países con paquetes de ajuste económico que terminaron desatando crisis sociales y políticas de inmensas proporciones. 
Los desequilibrios macroeconómicos fueron gigantescos. Venezuela llegó a tener una inflación de 103% en un año que no es nada si la comparamos con la que sufrieron Argentina 4.924%, Perú 7.650%, Brasil 2.477% y Chile 508%.
En América Latina parece que se aprendió la lección salvo en Venezuela y en Argentina que nos sigue los pasos. Hoy tenemos la inflación más alta del mundo, 10 veces más alta que el promedio en América Latina. Nunca antes ocupamos el más alto escalafón del podio. 
Los salarios están subiendo por la escalera y la inflación por el ascensor. El precio de los alimentos aumentó 98% desde agosto de 2013 a agosto de 2014 y los sectores populares y la clase media estamos consumiendo la totalidad de nuestro ingreso en alimentos. Un país en el que el salario mínimo aumenta 40% y los precios del mercado 98% es un país en el que su gente se está empobreciendo. 
El precio de la Canasta Alimentaria Familiar, es decir el precio del conjunto de alimentos que cubren los requerimientos de energía y nutrientes de una familia se ubicó en Bs 13.482,56. Eso significa que se requieren 3.2 salarios mínimos para cubrir el precio de la canasta.
Una película repetida
En 1973 con la Guerra Árabe-Israeli y en 1979 con la caída del Sha de Irán al país le entró una lluvia de petrodólares como consecuencia de la subida de los precios del petróleo, los gobiernos de entonces aumentaron el gasto público de forma desordenada, nos endeudamos y en los 90 fue necesario un plan de ajuste en medio de una crisis económica severa. Lo que ha pasado en Venezuela a partir de la subida de los precios del petróleo de 2003 “se parece igualito”. 
La crisis generada al final de los 80 se enfrentó con un plan de ajuste impuesto por el FMI que trajo como consecuencia el Caracazo, el 89, el 4 de Febrero y el 27 de Noviembre del 92 y el triunfo electoral de Hugo Chávez en el 98.
Estamos a las puertas de otro ineludible ajuste que debe incluir políticas sociales compensatorias que permitan paliar los efectos que este tiene sobre las familias de clase media y de bajos recursos. Su éxito y la recuperación de nuestra economía requiere de un gobierno que genere confianza para conseguir financiamiento e inversiones, que deje a un lado dogmas e ideologías y en forma pragmática lleve adelante políticas públicas que ayuden a reactivar el aparato productivo. 
Un programa de ajuste y recuperación económica requiere un amplio acuerdo nacional que le dé una base de sustentación social y política suficiente. Los ecuatorianos vivieron 10 años de inestabilidad política con 8 presidentes y un triunvirato en el medio, Argentina tuvo 7 presidentes en 2 años. Nosotros podemos ser testigos de la caída de este gobierno y de su sustitución por otro que dure unos meses, que a su vez sea sucedido por un nuevo que dure unas semanas. 
Cuando estaba pequeño oí decir que peor que el gobierno de Luis Herrera no podía haber y se eligió a Lusinchi; entonces volví a escuchar lo mismo y vino Pérez; ahora sí: “Peor que Pérez no puede haber” y elegimos a Caldera que al poco tiempo pasó también a ser lo peor que nos podía haber pasado y elegimos a Chávez, y otra vez oí lo mismo: “esto es lo peor que nos puede haber pasado” y finalmente llegamos a Maduro. 
No hay nada que esté tan mal que no sea susceptible de ser empeorado. Creo que es el momento de la reflexión.

pfernandez@ifedec.com
@pedropabloFR

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