viernes, 10 de octubre de 2014

EDUARDO FERNÁNDEZ Democracia cristiana

Fotografía: Cristhoferson Zamora

 Soy militante, desde que tengo uso de razón, de una causa de fe que se llama la democracia cristiana, también conocida como el humanismo cristiano.
Se trata de una manera de ver al hombre o, mejor dicho, a la persona humana en su relación con las otras personas y con la humanidad en general.
En la raíz de nuestro pensamiento hay un concepto fundamental: la dignidad de la persona, de cada una de las personas y del conjunto de las personas.
Esa dignidad tiene un fundamento infinitamente trascendente: la filiación divina. Todos somos hijos de Dios y como todos tenemos un padre en común, todos somos hermanos. De allí surge el mandamiento del amor y de la fraternidad. “Que os améis los unos a los otros como yo os he amado. En eso conocerán que sois mis discípulos” (Jn 13.34-35).
Los demócratas cristianos creemos en esa dignidad eminente de cada persona humana y del conjunto de las personas humanas; por eso, el compromiso con la justicia social con la igualdad de oportunidades para todos; por eso, la solidaridad con los que sufren, con los pobres, con los marginados.
Ser demócrata cristiano es creer en la democracia como fórmula de gobierno, precisamente porque la democracia es la forma de gobierno más compatible con el concepto de la dignidad de la persona humana, de cada una de las personas y del conjunto de las personas.
Ser demócrata cristiano es apostar al bien común, al desarrollo integral de la sociedad y de cada uno de sus miembros.
Es apostar por un desarrollo económico equilibrado que sea capaz de generar empleo para todos, bienes y servicios para todos y oportunidades para todos.
El mejor ejemplo que podemos exhibir en esta materia es el formidable éxito de Alemania, gobernada por muchos años por el Partido Demócrata Cristiano.
Ser humanista cristiano es creer en la educación como instrumento fundamental para erradicar la pobreza y para asegurar el progreso y el bienestar de las naciones. Es a través de la educación que promovemos la dignidad de la persona.
Finalmente, ser demócrata cristiano es proclamar que la política, como toda actividad humana, está subordinada a la moral, a la ética. Que no todo está permitido en política, sino aquello que concuerda con los principios.
Y es, además, proclamar la cultura de la vida y derrotar a la cultura de la muerte. Es estar del lado de la paz, del diálogo, de la esperanza, de la justicia, de la libertad y del amor.
 Eduardo Fernández
@efernandezve 

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