martes, 11 de marzo de 2014

PROYECTO LIBERTAD Eddie A. Ramírez S.

PROYECTO LIBERTAD
Eddie A. Ramírez S.

Salir del totalitarismo siglo XXI que ahoga nuestras libertades e impide el desarrollo del país es el objetivo de los demócratas. Para alcanzarlo es necesario tomar en cuenta todos los elementos que inciden en este proyecto.  Aunque en política hay muchos imponderables,  siempre es posible seleccionar una o más rutas críticas que permitan optimizar los costos y estimar el menor tiempo  requerido.

En un ambiente en donde todos disponemos de  información y de  la facilidad de comunicarnos  es explicable  que cada quien quiera  determinar su ruta crítica. En una situación tan compleja nadie debe descalificar determinadas rutas, aunque tampoco podemos irnos al extremo de que todos los caminos conducen a Roma. Tenemos la gran fortaleza de que algo más de la mitad de los venezolanos no nos doblegamos, aunque tenemos  debilidades en los barrios. Tenemos oportunidades claras de ganar adeptos  por la escasez de muchos productos, la inseguridad y la inflación. La gran amenaza es la presencia de paramilitares oficialistas, la violenta actuación de la Guardia Nacional y la falta de escrúpulos del régimen que predica sus mentiras a través de sus innumerables medios de comunicación.

Manifestar y cerrar calles no suma adeptos y divide a los nuestros, pero son acciones necesarias aunque no suficientes.  Es difícil que puedan mantenerse mucho tiempo, pero nadie debe desanimarse si cesan.  Lograron llamar la atención del mundo, evidenciando que los violentos son los organismos del Estado y sus paramilitares. También debilitaron al régimen, que inevitablemente entró en barrena.  Lo lamentable es el número de fallecidos, sea por agresión de los rojos o por accidentes ocurridos como consecuencia de barricadas diseñadas como protección pero que causaron muertes que enlutan a todos.  

Algunos  actores de la MUD escogieron la ruta de no favorecer las manifestaciones callejeras por considerar que  desvían la atención de la crisis económica, la cual esperan termine de  desilusionar a muchos simpatizantes del oficialismo.   Lo importante es que todos los actores de oposición coinciden en que para acudir al diálogo, al que hipócritamente llama Maduro por sentir la presión internacional, el régimen debe cumplir con unas exigencias mínimas. Por violar la Constitución y por inepto Maduro debería renunciar, pero es poco probable que lo haga y probablemente todavía no tenemos suficiente músculo para obligarlo. Quizá, mientras tanto, deberíamos  concentrarnos en exigir  la libertad de los presos políticos, regreso de exiliados, castigo para los violadores de los derechos humanos y disolución de los colectivos paramilitares.  Este es un proyecto en el que pueden coexistir  la ruta de la protesta pacífica en las calles y la de enviar mensajes  que convenzan a los todavía simpatizantes del oficialismo.  Hay una tercera  ruta que entusiasma a muchos,  pero sobre la cual no tenemos injerencia.  

Como en botica: En presencia de un bochornoso Alto Mando Militar, responsable de violaciones a los derechos humanos y de la politización de la institución, Maduro dio luz verde a sus paramilitares para que ¨apaguen candelitas¨. ¡Bravo por los estudiantes! ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!


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