La Periodista Macky Arenas fue testigo de excepción de lo
ocurrido en el Rest. Mama Nostra. Aquí, su testimonio
Relato de ayer tarde en el "Mama Nostra".
Salimos tarde del trabajo ayer sábado y, junto a dos
compañeros, llegamos para almorzar algo. Serían las 3:30-4:00 de la tarde
cuando una tromba juvenil, sudorosa y jadeante, se agolpó en el portal del
restaurante “Mamá Nostra”, situado a cuadra y media de la plaza Altamira. Los
empleados, asustados, cerraron las puertas mientras los estudiantes pedían
auxilio. Varios clientes, al percatarse de que se trataba de chamos que huían
de la GNB, exigieron que abrieran las puertas y los dejaran entrar, y así se
hizo. Todos entraron corriendo y se resguardaron en la parte trasera del
restaurante, de instalaciones bastante amplias. Sus edades estarían entre 16 y
20 y pico de años.
Pocos minutos después irrumpieron unos 10 o 15 GNB,
enfundados en sus atuendos antimotines, varios de ellos con las máscaras
antigases aún puestas. Afortunadamente el local estaba lleno y hay suficientes
testigos de la brutalidad del procedimiento. Se trataba de un allanamiento en
toda regla a un establecimiento privado, lleno de clientes, sin orden judicial,
a la brava. Pasaron, armados, llevándose todo por delante, hacia la parte de
atrás, buscando a los chamos. Parecían elefantes en cristalería, “una estampa
africana”, comentó alguien a mi lado. Yo pensé en los gorilones “bananeros” de
los que hace 15 años creíamos desvanecido cualquier vestigio en este
continente. Un espectáculo en verdad grotesco el que protagonizan estos seres,
perdida su identidad en un marasmo de insignificancia al no ser ni militares ni
policías. No se hayan, como decimos en criollo. Tal vez ello explique la
bestialidad con que actúan, debe ser una especie de revancha consigo mismos.
La gente comenzó a pararse permitiendo que los muchachos
se colocaran detrás, gritando “fuera, fuera!” a los guardias mientras tapaban
con sus cuerpos los de los chamos. Todos encaramos a los guardias gritándoles
que no les permitiríamos sacar de allí a los muchachos. Fue tan fuerte la
reacción de quienes nos encontrábamos en el local, que en cosa de instantes uno
de ellos, el más retaco pero cuya cara rezumaba odio, dijo: “vámonos” y, acto
seguido, echó mano de uno de los jóvenes gritándole: “¡Tú echaste a correr, te
vi, te vi!”…todos nos preguntábamos cuál era el delito de “echar a correr” si
venían huyendo de los gases, de los perdigones y de una paliza segura?
Alcancé a ver al joven que se llevaban en una moto,
colocado entre un par de GNB, alto, flaco y de camisa blanca. Indagué acerca de
su identidad y una joven, que logró rescatar su cartera en medio del agite, vio
en la CI: Luis Alberto Niccolino, si mal no recuerdo. De inmediato coloqué el
nombre en twitter. Lo más curioso de todo esto es que, de acuerdo al relato de
algunos, él no participaba de la protesta, sólo comía una hamburguesa en la
plaza y, al comenzar la refriega, se retiraba de allí entre los muchos jóvenes
que corrían. Y más curioso aún: el joven secuestrado –porque eso fue y no otra
cosa, un secuestro- , según había confiado a los chamos, estudia en la Unefa,
“trabajo con ellos” les había dicho asombrado. Suponemos que debían justificar
el “operativo” y alguno preso se tenían que llevar…. ni saben a quien se
llevan, sólo “pescan” a uno, así de sencillo, como meter la mano en una jaula y
atrapar a un polluelo.
La gente continuaba increpándolos: “Por qué no van tras
los malandros?, dejen en paz a los chamos!”…al salir la GNB el restaurant
volvió a cerrar sus puertas. Dentro, nos dedicamos a calmar a los muchachos y a
pensar en una manera de sacarlos de allí y ponerlos fuera del alcance de la
GNB. El local no tenía otra salida que la principal y fuera había no menos de
30 o 40 de ellos con sus respectivas motos y armamento antimotin, esperando
como caimanes en boca de caño. Noté que el número de chamos era más o menos el
mismo que el de GNB lo que indica que, literalmente, ¡se movilizaba un guardia
por chamo! Con cabeza fría a pesar de la indignación reinante y gracias a la
colaboración de todos, se logró el objetivo: todos los chamos se pusieron a
salvo.
Después de lo presenciado ayer, si desde siempre he
admirado, simpatizado y agradecido a los jóvenes su arrojo, su valentía y su
mística de lucha, ayer se me crecieron como chaguaramos. Claro que estaban
asustados y no es para menos. Lo admirable es que persistan a pesar de ello.
Ese es el verdadero coraje. Y regresan, y siguen, y vuelven, hasta sacarle
arrugas a la cara más fea de la represión: la GNB. También fui universitaria y
participé de numerosas refriegas. Cada quien vive lo que le toca. Pero, en este
país, en honor a la verdad, a ninguna generación le ha tocado lo que a esta.
Toda dictadura hace presos, tortura y censura. Pero estos chamos no solamente
van presos y son cobardemente maltratados, sino que se enfrentan, cuerpo a
cuerpo, piedras contra balas, pecho desnudo contra chalecos protectores,
pañuelos mojados en vinagre contra “gas del bueno”, desprovistos contra
efectivos armados hasta los dientes. Una pelea tan desigual que, de una vez,
coloca al más reticente del lado de los carajitos. Y a cualquier mujer, sea o
no madre, del lado de quienes podrían ser sus hijos.
Como escribió Andrés Eloy Blanco, al verlos en riesgo,
“se tiene todo el miedo del planeta
todo el miedo a los hombres luminosos
que quieren asesinar la luz y arriar las velas
y ensangrentar las pelotas de goma
y zambullir en llanto los ferrocarriles de cuerda”.
Ayer, hay que decirlo, la GNB descendió, una vez más, a
la categoría de microbio. Ver aquellas caricaturas de robocops arremetiendo
contra chamos que sólo tenían sus pies para correr, mientras todo el mundo les
gritaba recordándoles su oficio, era realmente patético. Esos chamos saben lo
que quieren y lo quieren con el corazón. Los otros siguen órdenes de quienes
son peores. Los estudiantes están dispuestos a todo. Los otros, sólo a
reprimir. Esos chamos son el verdadero “ejército” de la patria, el que
respetamos, el que enorgullece, el que parirá el nuevo liderazgo que el país
tanto necesita porque se están curtiendo en el combate solidario, como aquellos
del 28, o los líderes recios que se forjaron y formaron al calor de la resistencia
contra MPJ. Los estudiantes que hoy pelean en las calles de nuestras ciudades
son el contingente que nos confirma en la certeza de un futuro brillante.
Agradecí estar allí y compartir con ellos ese momento de
angustia. Y siento orgullo de la reacción de un público que desmiente el
estribillo -muy conveniente a ciertos sectores refractarios- que presenta a
esta sociedad como apática y miedosa. Aquí hay resortes y ayer funcionaron.-
Macky Arenas

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