Blog de Víctor José López /Periodista

martes, 14 de enero de 2014

JOSE MANUEL PALLI: Cuba y EEUU hablan sobre inmigración



 
Una multitud hace fila frente a la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana, el jueves pasado. Cuba y EEUU han reanudado sus conversaciones sobre inmigración.- ADALBERTO ROQUE / AFP/GETTY IMAGES  inmigración.

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JOSÉ MANUEL PALLÍ

Vuelve a ser noticia la reiniciación de las conversaciones entre Cuba y Estados Unidos sobre asuntos migratorios.
Me causa hasta pena escribir lo que acabo de escribir, porque la verdadera noticia (la que creo yo espera la gran mayoría de los cubanos), es que eso que hoy es “noticia” deje de serlo. Que se convierta en un hecho “normal” en el marco de una relación también “normal” entre dos naciones que tienen una frontera en común (el estrecho de la Florida), capaces de conversar sobre ese y muchos otros temas que las afectan a las dos. Ese sería el mejor regalo de Reyes para cualquier cubanito nacido hoy día en la isla.
Y las conversaciones y reuniones son una “noticia” signada por una serie de elementos anecdóticos –aunque serios e importantes– del tipo de los que, siempre incidentalmente, han condicionado y desvirtuado todo intento de conversación y /o acercamiento entre esas dos naciones unidas por tantos lazos históricos y culturales que desaparecieron abruptamente hace más de medio siglo.
Elementos como el tema de los cinco (ahora cuatro) espías, el caso Gross, la salvajada del derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate, y tantos otros que tienen dos características en común: siempre ocurren en el momento menos propicio para lo que hasta entonces era un nuevo intento de acercamiento, y siempre escapan al control de una de las dos partes, Estados Unidos, que se ve obligada a reaccionar ante un hecho sorpresivo generado por la otra parte.
Así es como, ante la reanudación del diálogo migratorio, muchos se preguntan si Cuba liberará a Gross, que cumple una condena impuesta por un tribunal cubano, si Estados Unidos complacerá a Cuba negociando un eventual canje por los cuatro cubanos condenados por espionaje, o incluso si se ampliarán las conversaciones entre las partes, como lo ha propuesto el gobernante cubano. Ninguna de esas inquietudes está estrictamente relacionada con el tema migratorio.
Al concluir las reuniones similares celebradas el año pasado, Cuba pidió la derogación de la llamada Ley de Ajuste Cubano, que da a los cubanos que llegan a territorio estadounidense un tratamiento privilegiado. Este sí es un tema que hace a la relación migratoria entre los dos países, pero aun en este caso aparece desvirtuado en la percepción de muchos, justamente por la “anormalidad” que caracteriza a la relación entre Cuba y Estados Unidos. ¿Es real el clamor de Cuba por la eliminación de lo que las autoridades cubanas llaman “ley asesina”, se preguntan muchos, o es simplemente un arma más en su arsenal propagandístico? ¿A quién si no a Cuba favorece esa ley que tantas veces le sirvió a los Castro como válvula de escape?
Otros se preguntan si es real la vocación de Raúl Castro por sentarse a negociar sobre bases que permitan, eventualmente, derogar no solo la Ley de Ajuste sino todas las leyes que restringen la interacción entre cubanos y estadounidenses. ¿Es la postura de Raúl diferente a la de su hermano Fidel, quien según lo cuenta Aznar, el ex jefe de gobierno español, en sus memorias, le aseguró que necesitaba que los americanos le mantuvieran el bloqueo durante al menos un par de generaciones más, para preservar la mística de plaza sitiada que durante medio siglo le ha vendido al pueblo cubano?
Todas estas preguntas surgen, a mi juicio, de la falta de comunicación, de diálogo, que priva a Estados Unidos de un más fácil acceso a las verdaderas intenciones de Cuba. El tipo de acceso que facilitan, en el caso de otros países, los canales diplomáticos “normales” y las relaciones establecidas con el correr del tiempo y el contacto frecuente entre los cuerpos diplomáticos de unos y otros.
En la medida en que no se allane el camino para una mejor comunicación y se exploren otras estrategias que no lleven al drenaje de su capital humano, Cuba corre el riesgo de que le ocurra como a la Isla del Encanto, que pierde cerca de 55,000 habitantes (muchos de ellos profesionales) por año desde que comenzó “la crisis” con una población que no llega ni a la tercera parte de la de Cuba.
Ese no es el futuro que yo deseo para la tierra donde nací, y por eso es imperativo dejar de lado los rencores (justificados o no) y el apego a verdades absolutas que solo existen en nuestra imaginación, y comenzar a pensar en (y a trabajar por) el cubanito recién nacido.
Abogado cubanoamericano.


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