jueves, 11 de julio de 2013

Oscar Yanes ¿Cuándo perdimos el honor?


OSCAR YÁNES ...Así son las Cosas

Hasta 1937 se explicaba en las escuelas "el sentido del honor". La urbanidad de Carreño, el lector moderno y la moral en ejemplos históricos, por el doctor Juan García Purón, eran textos fundamentales para cultivar en cada muchachito, y en cada niñita, el sentido del honor.
La enseñanza de la filosofía del honor empezó en Venezuela a fines del siglo pasado.
Desde muy niño se aprendía en aquellos libros que todos tenemos que exigir de los demás el cumplimiento de los mismos derechos que se nos imponen.
Los ricos debían hacer uso prudente de sus riquezas y proporcionar a sus conciudadanos trabajo, protección y auxilio.
Los pobres tenían el deber de no contraer compromisos que no podían satisfacer. Y luchar para lograr con ingenio y constancia un puesto prominente en la sociedad, "con el sudor de su frente", sin jalar, sin humillarse y sin acciones hipócritas para serrucharle el puesto a los demás. "Soy pobre, pero honrado".
El dinero no podía desplazar las buenas acciones. Lo importante era ser decente y "tener clase". En otras palabras, contar en tu haber con el sentido del honor.
En Venezuela se comienza a perder el sentido del honor cuando empiezan los negocitos por debajo de cuerda. Y se comercia, hasta con el sexo ("las hermanas buenas") para conseguir un buen cargo público; "un tronco' e cambur", como se decía antes.
Para muchos observadores perdimos el sentido del honor en 1938, cuando después de dos años de investigaciones la Junta de Reclamaciones contra los bienes del general Juan Vicente Gómez, de unas diez mil demandas contra el tirano, admitió cuatro mil quinientas, con indemnizaciones por cincuenta y cua­tro millones de bolívares en total.
El doctor López Borges salvó su voto, pues era partidario de que ninguna persona que hubiera cola­borado con la dictadura de Gómez, antes o después de la Reclamación, tenía derecho a indemnización.
Si la tesis, por otra parte justa, del doctor López Borges, hubiese triunfado, se hubieran caído de un coco más de 70% de las demandas. Pues en veintisie­te años de dictadura no es exagerado decir que el país entero se arrastró ante el "Bagre".
La gente hacía colas para ver las listas de quiénes iban a cobrar y todo el mundo protestaba:
¡Siete años en el castillo para recibir diez mil bolívares; qué b... tiene López Contreras!
Se pierde el sentido del honor cuando las organizaciones políticas se convierten en empresas comerciales.
Se pierde el sentido del honor cuando los parlamentarios no viven de acuerdo con lo que ganan, porque hay ingresos adicionales clandestinos.
Se pierde el sentido del honor cuando la descentralización se convierte en la descentralización del peculado.
El capitán Luis Rafael Pimentel preparó un golpe militar contra Juan Vicente Gómez para la madrugada del 16 de enero de 1919. El complot fue descubierto la noche anterior. Lo colgaron por los testículos once veces para que delatara a sus compañeros de conspiración. El capitán Pimentel no habló.
Muerto el general Juan Vicente Gómez le preguntaron a Pimentel por cuánto iba a demandar a la nación.
—No intento cobrar nada. Las lágrimas de mi madre no tienen precio, respondió.
Ese era un hombre con sentido del honor.
Así son las Cosas


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