sábado, 6 de julio de 2013

JOSÉ MANUEL PALLI El derecho de Nasser

El “Derecho” de Nasser

José Manuel Palli, Esq
Abogado en Argentina y la Florida;
 Presidente de World Wide Title. 

jpalli@wwti.net 



Vivir en Miami es como vivir una novela, uno de esos culebrones interminables cuyos capítulos son cada uno tan predecible como el anterior, pero que no por eso dejan de cautivar a muchos espectadores.

Igualmente predecible es la opinión de nuestros muchos “expertos” en ciencias políticas, cuya visión del mundo se nutre de simplificaciones maniqueas que repiten incansablemente en forma de eslóganes. Sirva de ejemplo la forma en que algunos “explican” lo que está ocurriendo en las calles (y tras las bambalinas) de Egipto, y hasta en las de Turquía. 

Miami debe ser uno de los últimos bastiones de la cruzada anticomunista que caracterizó a la época de la Guerra Fría, pero no por eso nuestros expertos (muchos de ellos persistentes anticomunistas de la vieja guardia) han dejado de tomar nota de la nueva cruzada que nos toca vivir hoy: la cruzada antislámica, que en el resto del mundo ha reemplazado al anticomunismo a ultranza pero que en Miami convive con él (es imposible evitar la alusión subliminal al matrimonio gay).

Desde que volvió a estallar la revuelta popular en Egipto son varias las voces que escucho en Miami reclamando el derrocamiento del presidente Morsi, elegido democráticamente no hace mucho tiempo, y refrendado aún más recientemente por la vía de un referéndum. Esta aspiración a un correctivo (el golpe de Estado) que, en su momento, caracterizó a tantas naciones de nuestra América (con el apoyo tácito, cuando no explícito de los Estados Unidos de América), es visto por muchos de nuestros “expertos” como una manera de restaurar lo que llamamos el “estado de derecho”. Nos explican que esa democracia que elevó a don Morsi a la primera magistratura de su nación se ha visto desvirtuada, según nuestros “expertos”, por su autoritarismo una vez en el poder (lo mismo nos dicen del primer kinistro turco Erdogan, también de origen incuestionablemente democrático). Y es la misma explicación que le dan esos mismos “expertos” al fenómeno de lo que se ha dado en llamar el “socialismo del siglo XXI”, que, según nos lo explican, se ha apoderado ilegítimamente del poder en varios países de nuestra región.

Mi intención no es defender ni a los chavistas o sandinistas de nuestro vecindario, ni mucho menos a los hermanos musulmanes que respaldan al atribulado Morsi –con quienes, evidentemente, no comulgo-, pero no puedo sino recordar que no hace mucho celebrábamos (junto con muchos de estos mismos “expertos”) la “liberación” de Egipto de las garras de un autócrata, Hosni Mubarak, que aparentó ser el último faraón de una dinastía militar iniciada por Gamal Abdel Nasser en 1952 (aunque Nasser no fue presidente sino hasta 1956). 

Y cada vez me cuesta más entender la “explicación” de nuestros “expertos” según la cual si la calle se llena de manifestantes opuestos a Morsi, a Erdogan, o bien a Evo Morales o a Cristina Kirchner, debemos solidarizarnos con ellos porque están defendiendo la democracia. Pero si la indignación popular tiene como blanco a un Piñera, a un Rajoy o a un Wall Street emblemático de un sistema que nuestros “expertos” asimilan indisolublemente con lo que ellos consideran “democracia” sin cuestionarlos, ni al sistema ni a nuestra democracia, en lo más mínimo, entonces los manifestantes no son sino una mano de vagos, mariguaneros y “comunistoides”, acicalados por la omnipresente mano peluda de los servicios de inteligencia cubanos.

Me pregunto cuándo elegimos a estos “expertos” –alguno que otro subsecretario de estado para América Latina entre ellos- que nuestros periódicos citan invariablemente como fuente de esa visión reduccionista e infantilmente simplista del mundo y de nuestra América. ¿Cómo se hace para revocarles el mandato?

Y ese maniqueísmo absurdo no es nuevo en Miami. El ridículo “argumento” según el cual “el amigo de mi enemigo es mi enemigo” está firmemente instalado entre nosotros y es una de las fuentes en las que se nutre la visión del mundo que tienen nuestros “expertos”. Cuando Dios se lleve a Madiba Mandela veremos cuántos en esta bendita ciudad recordarán y reconocerán el papelón que hicimos hace 23 años cuando le negamos al líder sudafricano nuestro reconocimiento por el mero hecho de su gratitud hacia Fidel Castro, quien tanto había hecho por lograr su libertad. Más de uno de nuestros “expertos” encontrará la manera de “explicarnos” (y a las nuevas generaciones) lo bien que estuvimos al rechazar a Mandela en junio de 1990, ya verán… Y no será el último capítulo de esta novela, que va…

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