sábado, 15 de junio de 2013

Eddie A. Ramirez S. Maduro el patrañero

Afirmar que a las universidades autónomas se les ha dotado de un presupuesto acorde con sus necesidades es una gran patraña.
         
 Maduro pasará a la historia como un patrañero que llegó a ser candidato presidencial por un hecho inesperado y por  una herencia que por falta de méritos no le correspondía. Su pasantía por Miraflores obligará a los historiadores a mencionar que fue presidente, pero electo en comicios fraudulentos. Independientemente de la labor que realice mientras ocupe la casa de misia Jacinta, serán sus patrañas las que pasarán al anecdotario de  la pequeña historia. 
Unos atribuirán sus mentiras a un mecanismo de defensa ante su ineptitud, pero no faltarán quienes piensen que estaba un poco deschavetado.  El teniente coronel eterno era un gran mentiroso, pero edulcoraba sus embustes y les agregaba medias verdades que las hacían creíbles por sus adeptos incondicionales. Para ello contaba con la habilidad de los llaneros para echar cuentos de camino. 
Entablar conversaciones con un pajarito e insistir en que vio  su imagen en la mano del retrato de su jefe eterno podría ser motivo suficiente para un caso de estudio siquiátrico. Sin embargo, algunos podrían alegar que son hechos que ocurren para los cuales la razón todavía no tiene explicaciones. 
El punto que aquí queremos recalcar son sus patrañas de sucesos que están claros, pero que se empeña en tergiversar en un intento fallido de engañar a los suyos. Afirmar que a las universidades autónomas se les ha dotado de un presupuesto acorde con sus necesidades es una gran patraña. Sostener descaradamente que la oposición atacó a los estudiantes que están protestando pacíficamente y que tiene preparada nuevas agresiones para culpar al gobierno es otra gran patraña que muy pocos pueden creer. 
Ahora, diez meses después de la tragedia de la explosión de la refinería de Amuay,  que enlutó a 42 familias, descaradamente declara que la misma fue ocasionada por la oposición. Esta nueva patraña es   un insulto a la memoria de las víctimas, la mayoría de ellas guardias nacionales que prestaban servicio de resguardo en la refinería. ¿Cómo se sentirán sus familiares que están enterados por los heridos y vecinos de la zona de que  varias horas antes detectaron olor a  gas como consecuencia de una fuga ocasionada por falta de mantenimiento? ¿Qué dirán los gerentes y obreros de la refinería que conocen lo que realmente sucedió? ¿Qué respeto pueden tener a quien se dice su comandante en jefe los guardias nacionales sobrevivientes  que protegían las instalaciones de posibles intrusos?  
Si a lo anterior añadimos las acusaciones de compra de aviones por parte de la oposición, concretamente de petroleros venezolanos que trabajan en Colombia, el cuadro es preocupante desde el punto de vista de la salud mental de quien, además, se cree presidente legítimo. ¿Qué decir de los funcionarios   de Pdvsa y de organismos oficiales que avalan con su silencio las patrañas de Maduro? Estamos en manos de patrañeros  y de sumisos. ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados! 
eddiearamirez@hotmail.com 

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