Blog de Víctor José López /Periodista

domingo, 7 de abril de 2013

BAJEN LAS ARMAS, Editorial del Diario EL COLOMBIANO de Medellín



¡Bajen las armas…
ILUSTRACIÓN CAMILA MONTEJO
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¡Bajen las armas!

El pleno de Naciones Unidas, por abrumadora mayoría (154 de 193 votos posibles), consiguió aprobar el Tratado sobre venta de armas, pero las puertas de la guerra siguen abiertas. Norcorea busca usarlas.
EL COLOMBIANO | Publicado el 7 de abril de 2013
En momentos en que buena parte del mundo aprieta los dientes por la tensión bélica que originan las amenazas de guerra de Corea del Norte, cobra muchas más importancia el acuerdo logrado esta semana, a instancias de la ONU, sobre la venta de armas.

Tal vez el régimen de Pionyang no hubiera conseguido montar semejante aparato militar ni quienes hoy son objeto de su amenaza desplazar a la península norcoreana todo su arsenal nuclear si unos y otros, pero en especial la ONU, hubieran actuado a tiempo para impedir el tráfico de armas, tan abierto y público como quien compra y vende peluches.

La votación en el pleno de Naciones Unidas, aunque por abrumadora mayoría (154 votos de 193), demuestra que la guerra sigue siendo un instrumento de dominación política y no de reivindicaciones ni de defensa de soberanía, al tenor del rechazo al Tratado que dieron Irán, Siria y la propia Norcorea.

Las 23 abstenciones, de paso, con Rusia jugando a tres bandas; y China en el papel de cómplice, no permiten celebrar con champaña el histórico paso en la ONU, pero sí abren un esperanzador panorama en la lucha contra la carrera armamentista y el mercado negro de material de guerra.

El primer efecto, que no el único, es poner en cintura a las pocas, pero peligrosas, dictaduras que aún quedan en escena internacional y las consecuencias inmediatas del Tratado, aún en etapa de ratificación, deberían ser el aislamiento militar de Norcorea, Irán y Siria, empeñados en minar los terrenos de paz por los que el mundo civilizado busca transitar.

La firma del Tratado es un paso en la dirección correcta, pero no una solución definitiva a la telaraña de intereses geopolíticos y doble moral con la que las grandes potencias han manejado la venta de armas y "fabricado" dictadores que las usan en su propio beneficio. Los ejemplos de Sadam Hussein y Muammar Gadafi son apenas los más recientes de una larga cadena de equivocaciones, ánimos de lucro y guerras frías.

Estados Unidos, el mayor vendedor de armas del mundo, no sólo suscribió el Tratado, sino que envió un mensaje inequívoco de que los tiempos de la llamada "guerra preventiva" con los que invadió a Irak y persiguió a los talibanes pueden pasar a la galería.

Colombia, en particular, y América Latina, en general, deben celebrar con entusiasmo y optimismo este nuevo Tratado, porque en el vecindario no han dejado de sonar las sirenas.

El caso de la compra de armas rusas por parte de Venezuela y la activa presencia de Irán en la región no son quimeras. La simetría militar hace rato se rompió en esta parte del hemisferio y los organismos llamados a neutralizarla y ejercer presiones se han perdido entre el polvoriento paso de los tanques de guerra y los sistemas misilísticos que llegan de Europa.

En el caso colombiano, en momentos en que la búsqueda de la paz no deja ver el bosque completo, el tema cobra mucha más relevancia.

No es un secreto que muchas de las armas que están ahora en manos de guerrillas y bandas criminales llegaron por la vía de la legalización que algunos gobiernos hicieron para entrarlas a sus respectivos países.

No hay que esperar a que el Tratado entre en vigencia a mediados de 2013. A los "loquitos" de la guerra hay que obligarlos a que bajen las armas.

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