Blog de Víctor José López /Periodista

martes, 12 de marzo de 2013

Se preguntaba El Gabo, Hugo Chávez ¿déspota o ilusionista?


VÍCTOR JOSÉ LÓPEZ

Gabriel García Márquez no fue un personaje cercano a Hugo Chávez, a no ser por la proximidad que crea la cita casi permanente de El general en su laberinto, un libro que sinceramente, como los otros muchos que refería constantemente, dudo haya leído Chávez.

Sin embargo el premio Nóbel compartió con el teniente coronel un viaje desde La Habana a Caracas en un avión de la Fuerza Aérea venezolana, que García Márquez calificó como "... una buena experiencia de reportero en reposo. A medida que me contaba su vida iba yo descubriendo una personalidad que no correspondía para nada con la imagen de déspota que teníamos formada a través de los medios. Era otro Chávez. ¿Cuál de los dos era el real?" 
 
Todo ocurrió un par de semanas antes de la toma de posesión de Hugo Chávez como presidente constitucional de Venezuela.

El presidente Hugo Chávez Frías me contaba esta historia en el avión de la Fuerza Aérea Venezolana que nos llevaba de La Habana a Caracas, hace dos semanas, a menos de quince días de su posesión como presidente constitucional de Venezuela por elección popular. Nos habíamos conocido tres días antes en La Habana, durante su reunión con los presidentes Castro y Pastrana, y lo primero que me impresionó fue el poder de su cuerpo de cemento armado. Tenía la cordialidad inmediata, y la gracia criolla de un venezolano puro. Ambos tratamos de vernos otra vez, pero no nos fue posible por culpa de ambos, así que nos fuimos juntos a Caracas para conversar de su vida y milagros en el avión.

Cuenta en su relato el Premio Nóbel que el primer conflicto consciente con la política real de Chávez fue la muerte de Allende en septiembre de 1973. Chávez no entendía. ¿Y por qué si los chilenos eligieron a Allende, ahora los militares chilenos van a darle un golpe? Más irónico aún es que cuando se graduó recibió el sable de manos del presidente que veinte años después trataría de tumbar: Carlos Andrés Pérez.
"Además", le agregó  Gabo, "usted estuvo a punto de matarlo". "De ninguna manera", protestó Chávez. "La idea era instalar una asamblea constituyente y volver a los cuarteles". Ya mentía Hugo Chávez, como no dejaría de mentir por 14 años hasta morir rodeado de mentiras.

El avión aterrizó en Caracas a las tres de la mañana. Vi por la ventanilla la ciénaga de luces de aquella ciudad inolvidable donde viví tres años cruciales de Venezuela que lo fueron también para mi vida. El presidente se despidió con su abrazo caribe y una invitación implícita: "Nos vemos aquí el 2 de febrero". Mientras se alejaba entre sus escoltas de militares condecorados y amigos de la primera hora, me estremeció la inspiración de que había viajado y conversado a gusto con dos hombres opuestos. Uno a quien la suerte empedernida le ofrecía la oportunidad de salvar a su país. Y el otro, un ilusionista, que podía pasar a la historia como un déspota más.
Gabriel García Márquez

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