En esta región tropical, donde se confunden en la misma
histeria la miseria y el faraonismo, no hay un día que un acontecimiento que no
rompa los moldes de lo cotidiano y nos sorprenda.
Fuimos
sorprendidos por Nicolás, cuando exigió
que Capriles le solicitara
públicamente èrdón por sus insultos a la muy honorable familia Chávez.
Maduro lo hizo, tras llenar de insultos a Henrique Capriles y a media Venezuela, amenazando que "si no se
retracta de sus ofensas a la familia Chávez, no habrá debate".
Henrique exigió le dijeran dónde en sus palabras estaba la
ofensa, y sin embargo dio excusas "en caso de haberlos ofendido".
No hubo
ofensas, no habrá debate.
Sorpresa grande cuando escuchamos a María Gabriela Chávez
Colmenares "reclamar" respeto
para su familia, cuando calificaba de "Gigante" a su
recientemente fallecido padre. Verla, y recordar a Hugo Chávez, era revivir el 4 de febrero de 1992, aquella
madrugada que le sirvió de título a la película de Carlos Azpúrua "Y
amaneció de golpe".
María Gabriela era muy niña
aquellos días, hoy es una dama muy joven, y, tal vez desinformada por vivir en
la burbuja donde no le llegó la información de aquellos lodos que formaron
estos polvos, cuando los carapintadas dirigidos por su papá atacaron a plomo limpio, con fusiles de asalto, tanquetas,
granadas y lacrimógenas a La Casona, la casa hogar de la familia de Carlos
Andrés, donde estaban solitas la Sra. Blanca Rodríguez de Pérez y sus hijas, las hijas del Presidente
Constitucional de la República.
Un "gigante" con mente de enano
María Gabriela tal vez no sepa que "su gigante"
recurrió en su intento al recurso de los enanos mentales, el Golpe Militar, -en
el que fracasó- cuando pretendió asesinar a su Comandante en Jefe,
elegido por el pueblo de Venezuela en libérrimos comicios.
Conste que jamás he sido adeco, mucho menos admirador de
Carlos Andrés Pérez , más bien público adversario, pero creyente de las leyes y respetuoso del derecho ajeno
como pregonaba el presidente Benito Juárez.
Impresiona cómo la piel de esta familia ha ido
sensibilizándose en el tiempo, metidos en esa impenetrable burbuja en la que viven a espaldas de la
realidad, la situación de odio y confrontación creada por el estilo soez de Hugo Rafael Chávez
Frías, con el agregado del ingrediente
escatológico de su discurso 1998, cuando gritaba a los cuatro vientos que a
"adecos y copeyanos, los vamos a freír en aceite caliente". Se refería a los "escuálidos" de la oposición que “se arrastran como
los cochinos", en palabras no de
"An Officer and a Gentleman",
como debe vivir un militar egresado de una Academia Militar, sino como habló Nereo Pacheco
en su vocabulario de La Rotunda, en funciones de cabo de presos gomero. Si no
lo sabían, amables lectores, José Rafael Pocaterra nos narra en Memorias de un venezolano en la
decadencia la afición de Nereo, quien luego de torturar a los presos políticos
cogía un cuaro, y cantaba corridos, valses y galerones del cancionero popular.
Cuando murió el presidente Carlos Andrés Pérez, Hugo Rafael Chávez dijo públicamente:"Yo no pateo perro
muerto... No habrá luto nacional porque hoy murió un corrupto, un
dictador...".-Eso dijo el jefe del régimen más corrupto en la
Historia de Venezuela.
Le comentaba, amables y pacientes lectores, que cada día no
depara sorpresas en esta Tierra de Gracia.
Tales como ver ahora a los que se califican como "herederos" de Hugo Chávez, rosario y biblia en mano,
rezando novenarios por un alma que cuando era un simple mortal calificó al
Cardenal Rosalio José Castillo Lara, Presidente emérito de la
Comisión Pontificia para el Estado de la Ciudad del Vaticano, de “fariseo,
hipócrita, bandido, diablo, alcahueta, golpista e inmoral”.
Nicolás, tu que
presumes haber estado tanto tiempo junto a Chávez recordarás que tras la muerte
del Cardenal Castillo Lara dijo: "Me alegra que haya muerto ese demonio
vestido de sotana, ojala se esté pudriendo en el infierno como se merece, sé
que se retorcerá eternamente viendo avanzar la revolución...".-.
... A los miembros de la Conferencia Episcopal, a grito pelado con las venas
del cuello a punto de estallar, “Demonios, estúpidos y vagabundos”... A los curas: “que Dios los perdone”... A los
Monseñores: “Mentiroso. Un politiquero manipulador”. “No han leído la constitución los monseñores. Vamos
a mandársela en latín”.
El ventrílocuo de Hugo Chávez ha sido en La Hojilla ese esperpento humanoide que
atiende al nombre de Mario Silva,
famoso por sus frases y sentencias, quien dijo en los micrófonos y ante las
cámaras del la Televisión de todos los venezolanos que Palabras comentando la
muerte del presidente: "Dios no existe y si existe es un hijo de
puta".
Bueno, podríamos llenar las páginas de un libreto de
teléfonos, y faltarían tomos para llenarlos de los improperios, insultos y
amenazas con las que Chávez amenazaba a los venezolanos y al mundo. Eso, no nos
sorprende; lo que nos llena de sorpresa es escuchar a Nicolás Maduro, a
Jorge Arreaza, Elías Jaua, al agresivo y
ofensivo Almirante Montero
hablar de Paz y de Amor como si fueran "hippies" y lo
dicho y hecho por el que ahora califican de "Comandante Supremo" no hubiese existido, ni hablado, y mucho menos
actuado expropiando, llenando las cárceles de venezolanos y sembrando por
doquier el odio y la división.
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