VÍCTOR JOSÉ LÓPEZ
Antes de postularse como candidato a la Presidencia de la
República, Hugo Chávez ya había
mentido. Ha sido la mentira la compañera más fiel que han tenido los que ahora
están en el poder. Mientan para sonsacar, mienten para engañar y mienten para
justificar lo injustificable.
Es decir mienten para justificar el haber mentido.
Hoy nos sorprenden escribiendo una nueva historia oficial,
con otro argumento distinto al de la verdad histórica escrito con la tinta de
sus mentiras.
La mentira ha sido, y seguirá siendo mientras estos
regímenes tiranos inspirados en las revoluciones que nunca fueron sigan
existiendo.
Tanto mienten que pretenden con lo falaz crear confusiones
con hechos y acontecimientos que vivimos y de los que fuimos testigos.
Inolvidable aquella noche, cuando Hugo Chávez izó la bandera
de los justos, para defender a los presos de la Penitenciaría de San Juan de
los Morros. Fue una noche que estrellada cubría al llano guariqueño, cuando
Chávez le ofreció cárceles más humanas a los venezolanos, recintos donde se
abrieran caminos hacia la sociedad ofrecida, más justa, no por los caminos
extraviados que fueron y todavía son trazados por la corrupción del poder y la
injusticia.
Aquella noche
juró, Chávez lo hizo con los dedos cruzados y en cruz, que su primera misión
cuando le cubriera el manto del poder sería la de "sacar de la calle a los Niños de la Patria".
Hoy sabemos que siguen en la calle, que ya dejaron de ser
Niños de la Patria y siguen siendo los niños abandonados en las calle,
tragafuegos en las esquinas, maromeros de la limosna.
Aquella noche mintió, y lo seguiría haciendo sin parar hasta morir. Mintió muchas
veces más de las que mintiera Pedro, cuando negó al Cristo. Mintió después de
llegar al trono con los votos de un pueblo ilusionado, una nación llena de
esperanzas . Llegó y regó con sus
mentiras a un país saturado de la
antipolítica, gracias a unas
elecciones libres, una jornada a la que Chávez nunca le ha reconocido los
méritos.
Todo lo
contrario, desde ese día a la fecha Chávez amarró los poderes públicos a su
voluntad, y desde entonces el Tribunal Supremo de Justicia, el Consejo Nacional
Electoral, al Poder Público, a la Defensoría del Pueblo, nombres nuevos de viejos poderes que
convirtió en marionetas de su voluntad.
Las mentiras de Chávez, infinitas como los luceros en aquel
cielo estrellado de San Juan de los Morros, hizo promesas que jamás cumpliría.
Los niños no han sido de la Patria, porque siguen ellos siendo de la calle, y
las prisiones, cárceles y penitenciarías,
las más peligrosas entre las peores del mundo.
Hoy su alumno y heredero recurre a la mentira. Lo hace en la
anécdota inventada, la historia profanada, la promesa imposible de ser
cumplida... con el atrevimiento
del recorre el sendero del
fascismo, ese de Goebbels, de mentir mil veces hasta convencer que la mentira
es una gran verdad.
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