La Vinotito volvió a tomar el camino a Brasil, al imponerse
dramáticamente a Colombia en Puerto Ordaz
VÍCTOR JOSÉ LÓPEZ
Con la arrogancia de un niño rico, cuando le muestra a un
muchacho pobre un complicado juguete caro, pisó la cancha de Cachamay el lujoso
equipo de Colombia. Los cafeteros jamás pensaron que se toparían con unos fieros
llaneros que pondrían a volar el papagayo, roncar al gurrufío y ensartar la
perinola y derrotarlos y sorprender los pronósticos que apostaron por el que
han etiquetado como "el mejor equipo suramericano" en esta
eliminatoria para el Mundial del 2014.
Pues bien, amables lectores, el equipo criollo actuó como el
perro callejero al que le quitan un hueso, rabioso e incisivo, atacando
desesperado y sin pesar sus consecuencias porque Venezuela atacó desde el pitazo inicial,
impidiéndole a los grandes de Colombia sus artísticas florituras y desordenandole el orden proyectado para por Pekerman, que luego, más tarde, mantendría todo el primer tiempo el equipo de
Falcao, James, Amaranto Perea, Cuadrado...
A los cuatro minutos de iniciarse el juego fue el primer
ataque frontal del conjunto a César Farías al equipo de Pekerman, sin otra consecuencia que la de encender
la luz amarilla, la chicharra de alarma.
El segundo ataque fue el sorprendente gol de Salomón Rondón, que le dio mucha seguridad a la Vinotinto, un golazo que rompió
el estrés que arrastraba desde que los muchachos se ducharon allá en los camerinos del Monumental de Núñez para sacarse el sudor de la
derrota ante Argentina 3 - 0.
Con el 1 - 0 en Cachamay, repleto de irreverentes que
pitaron con mucha rabia y enojo durante el minuto de
silencio con el que proponía honrar a Hugo Chávez, el juego tomó la
velocidad que le impuso Colombia y la pelota y la cancha fueron de dominio
colombiano, sin que la lujosa delantera neogranadina pudiera romper la defensa venezolana.
Se jugó como los llaneros jugaron en Mucuritas, al "vuelvan caras sorprendente que le dio a la América del Sur su Indepencencia gacias a Jsé Antonio Páez.
Se jugó como los llaneros jugaron en Mucuritas, al "vuelvan caras sorprendente que le dio a la América del Sur su Indepencencia gacias a Jsé Antonio Páez.
El segundo tiempo, en 33 minutos, el pretencioso equipo del
Tigre Falcao -inutilizado por los centrales Oswaldo Vizcarrondo y Andrés
Túñez-, James, Teófilo, Cuadrado, no fue capaz de igualar el partido. Todo lo
contrario, los humildes venezolanos, o como los calificaría Javier González "Nuestros héroes sin charretera" se ennoblecieron, como ocurrió con Salomón
Rondón, que sustituyo en el escenario estelar lo que se esperaba hiciera
Radamel, o El Colorao Aristiguieta, que le imprimió aquella olvidada garra loyaltarra , caraqueña, con la que los
sucres, monterolas, los " cojitos", aquella pléyade jesuita, sellaron el mejor de los juegos
caraqueños.
El lujo del juego, el sabor siempre grato de la victoria,
(1-0) estuvo de parte de los venezolanos.
Por una noche Guayana, y con ella toda Venezuela, pudo
dormir tranquila. Amanecimos con 15 puntos, en el camino al Mundial de Río de
Janeiro. Hoy no habrá quien critique a César Farías
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