Oswaldo Álvarez Paz
EL NACIONAL
Los días ya pueden contarse en horas y minutos. Se
trata de una cuenta regresiva trágica para el régimen de Hugo Chávez. “No hay
historia de piratas que tenga un final feliz”, nos recuerda la canción de Joan
Manuel Serrat. Ésta tampoco la tendrá. A estas alturas la suerte está echada y
los venezolanos tienen clara su intención de voto. No tengo la menor duda con
relación al triunfo de la alternativa democrática. Hay votos suficientes para
convertir a Capriles en el próximo Presidente de Venezuela. En el alto
gobierno, civil y militar, tampoco hay dudas. La angustia que los invade es
mala consejera. El objetivo es tratar de retener el poder a como dé lugar, como
sea, con votos o sin votos, apelando a todos los recursos posibles, lícitos e
ilícitos, para impedir el desenlace que temen. Saben que unos cuantos tendrán
que responder ante la justicia por la multiplicidad de delitos nacionales e
internacionales perfectamente cuantificados. En lo estrictamente político serán
testigos de la más impresionante labor de rectificación de disparates insólitos
del régimen en todos los campos de acción. No lograrán mantenerse en el poder.
Tampoco Chávez conservará la presidencia. Se acabó.
El mejor consejo que podemos darles es que preparen
seriamente la entrega del poder. Incluso no es exagerado pedirles que faciliten
la transición y que civilizadamente el gobierno y la alternativa democrática
discutan y acuerden las cosas fundamentales que esa transición exige para que sea
exitosa. Todos estamos obligados a ahorrarle a la nación tensiones y violencia
perfectamente evitable e innecesaria. Nosotros no propiciaremos situaciones de
esta naturaleza, pero es bueno que los jefes del alto gobierno sepan que
estamos preparados para hacer respetar el triunfo y combatir en el terreno que
sea necesario.
Pueden intentar darle un palo a la lámpara, como se
dice popularmente, una patada a la mesa, pero no lograrán alterar la voluntad
general de la nación, favorable al cambio sin retroceso que Capriles
representa. Sería peor para ellos y muy malo para el país. Existe un rechazo
universal al clima de violencia, de calumnias e infamias que el régimen
pretende desatar para sembrar miedo y temores que inhiban a la población con
relación al voto. La guerra sucia de los últimos días se le ha revertido al
régimen. Sigue en caída libre, mientras que el crecimiento ascendente de
Capriles es notorio e irreversible.
Sigamos adelante, sin caer en provocaciones ni
dejarnos arrastrar al complejo cloacal, al chiquero, en que los “expertos” en
guerra sucia quieren convertir el final de esta campaña electoral. Capriles ha
tenido una conducta admirable. Digna de un jefe de estado. Ha actuado con gran
prudencia que nadie confunde con debilidad y con una firmeza que no atropella a
nadie, pero que ha servido para levantar la confianza, afianzar la fe y elevar
la combatividad democrática en grado superlativo. El momento ha llegado, la
hora está cerca. Nunca había sido tan necesario un cambio radical en la conducción
de la República.
oalvarezpaz@gmail.com Sábado, 15 de septiembre de 2012
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