Algunos como Vicent Van Gogh dedicaron
toda su vida a la pintura, incluso su enfermedad desarolló su creación. Otros
como Adolf Wölfli comenzaron a pintar en un centro psiquiátrico
ESTEFANÍA MAGRO
abc / MADRID
Repasamos diez grandes artistas que
sufrieron problemas mentales. Algunos de ellos dedicaron toda su vida a la
pintura. Otros, representantes de la corriente artística del «art brut o arte marginal», comenzaron a pintar en centros psiquiátricos, a raíz
de su enfermedad mental. [Fotogalería: Diez grandes pintores que sufrieron problemas mentales].
1. Vicent Van Gogh (1853-1890)
El artista holandés, uno de los más cotizados a nivel
mundial, no vendió ni un sólo cuadro durante su vida; ya que además de ser un
desconocido, estuvo rechazado por la sociedad de su tiempo. «Yo no tengo la
culpa de que mis cuadros no se vendan, pero llegará el día en en que la gente
se dará cuenta de que tienen más valor de lo que cuestan las pinturas», expresó
Van Gogh.
La
esquizofrenia puede repercutir en
los pintores aficionados o profesionales, de dos formas: anulando o estimulando
la expresión artística.
Vicent Van Gogh durante parte de su vida
sufrió una enfermedad maníaco-depresiva. Este trastorno bipolar iba acompañado de alucinaciones, tanto de voces como
de visiones; y de una epilepsia psicomotora caracterizada por un estado de
confusión y amnesia. Pero durante la irrupción de la psicosis, su capacidad
creadora se desarrolló tanto cuantitativamente como cualitativamente.
De hecho, algunos de sus cuadros más famosos los pintó
cuando estaba en la fase más aguda de su enfermedad, cuando estuvo internado en el manicomio de Saint-Rémy.
Recomendación cinematográfica sobre la
vida de Vicent
Van Gogh: «El loco el pelo rojo» deVicente
Minelli (1956).
2. Séraphine Louis (1864-1942)
También conocida como Séraphine de Senlis. Su vida sigue siendo una desconocida. Es huérfana
desde los 7 años. Algunos de sus rasgos característicos son su discreción y
timidez; no hablaba con nadie. Dedicó su vida al trabajo, primero como pastora,
después a servir, tanto en casas de la burguesía como en un convento de monjas.
Esta francesa comenzó
a pintar a los 42 años, aunque nadie sabe ni cómo ni por qué;
ya que no tenía ninguna formación académica. Su obra se compara con la de
Vicent Van Gogh, pero no parece que haya recibido ninguna influencia de ningún
pintor, por lo que se muestra única en su género.
En 1912, el coleccionista alemán Wilhelm Uhde –descubridor de Picasso, Braque y Rosseau– se fijó en
Séraphine durante su estancia en Senlis. Durante unos años, Séraphine se convirtió en la
artista naïf del momento, sus obras se dieron
a conocer en la capital francesa y en los círculos vanguardistas. Pero Uhde fue
perseguido por la Gestapo y, debido a la Gran Depresión, dejó de comprar sus
pinturas.
Séraphine cayó en en la miseria y en el
olvido. En 1932 le invadió la locura, y pasó los últimos diez años de su vida
en un hospital psiquiátrico de Francia por psicosis.
Desde entonces, su obra se sumió en la oscuridad, dejó de pintar. En 1942 muere
de hambre en el psiquiátrico
de Clermont, en la zona ocupada por los alemanes
durante la II Guerra Mundial. Fue enterrada entre los anónimos, en una fosa común.
Recomendación cinematográfica: «Séraphine» de Martin
Provost (2008), ganadora de 7 premios César,
entre ellos mejor película y mejor actriz (Yolande Moreau).
3. Edvard Munch (1863-1944)
Se ha dicho que este pintor
expresionista noruego padecía esquizofrenia, pero al parecer no la tuvo sino
que le diagnosticaron depresión
caracterizada por su introversión;
por los excesos alcohólicos, y por la continua relación con la enfermedad y la
muerte, ya que su hermana Sophie y su madre se murieron de tuberculosis, y su
hermana Laura estuvo ingresada y murió en un centro psiquiátrico porque tenía
esquizofrenia.
«Enfermedad, muerte y locura fueron los ángeles negros
que velaron mi cuna y, desde entonces, me han perseguido durante toda mi vida»,
expresó Munch a lo largo de su vida.
La obra más célebre del pintor noruego
es «El grito». Edvard
Munch explicó cómo la creó: «Estaba caminando
por un camino con ambos amigos. Se puso el sol. Sentí un ataque de melancolía.
De pronto el cielo se puso rojo como la sangre. Me detuve y me apoye en una
barandilla muerto de cansancio y mire las nubes llameantes que colgaban como
sangre, como una espada sobre el fiordo azul-negro y la ciudad. Mis amigos
continuaron caminando. Me quedé allí temblando de miedo y sentí que un grito
agudo interminable penetraba la naturaleza».
Recomendación cinematográfica: «Edvard Munch» del director inglés, Peter Watkins(1974).
4. Adolf Wölfli (1864-1930)
Este pintor, escritor, poeta y
compositor suizo está considerado como uno de de los máximos exponentes del «arte marginal» o «art
brut», corriente artística en la que las
obras están realizadas por enfermos mentales ingresados en hospitales
psiquiátricos que nunca han recibido ninguna noción artística. Este concepto es
acuñado por el famoso escultor y pintor francés del siglo XX, Jean Dubuffet (1901-1985), que comenzó a coleccionar este tipo de
obras y a divulgarlas.
Wölfli
tuvo una infancia traumática, fue víctima de
abusos sexuales, y a los diez años se quedó huérfano. Pasó un año en la cárcel
por estar acusado de abusar de menores. Y tras su liberación, por su psicosis y sus alucinaciones fue internado en un psiquiátrico hasta su muerte.
Desde ese momento comenzó a pintar. Sus obras son geométricas, cercanas al arte
tribal y recargadas de detalles hasta un horror vacui («miedo al vacío»).
El psiquiatra e historiador del arte
alemán Hans
Prinzhorn (1886-1933) fue el primero en valorar el
arte de los desconocidos enfermos mentales. En 1919 encargó a Karl Wilmanns, director de la Clínica Psiquiátrica de Heidelberg,
crear un «Museo
de arte patológico». Se recogieron 5.000 obras procedentes
de 450 internos de distintos centros de Alemania y de otros países. A Prinzhorn
también se le conoce por publicar el libro «El arte de los enfermos mentales» en el que intenta analizar los dibujos de los internos
tanto a nivel psicológico como estético. Puedes ver su colección en el Museo Prinzhorn en
Heidelberg (Alemania).
5. Josef Förster
Como emblema de la
Colección de Prinzhorn, se eligió la única obra de Josef Förster, enfermo mental, nacido en 1878, que vivió en un
centro psiquiátrico en Ratisbona. Su única obra (1916) es modernista con estilo
expresionista. Está compuesta de una figura masculina suspendida en el aire mientras sujeta con las manos unos largos zancos con
el rostro cubierto. Representa a un hombre que ha perdido su propio peso y su
comunicación con el mundo debido a la enfermedad, y, por ello, tiene que
proveerse de gravedad artificial.
En la parte derecha de la imagen, Förster explica su obra: «Esto debe representar que, cuando uno no tiene
ningún peso corporal que tenga que cargar, puede ir, entonces, a gran velocidad
por el aire».
6. Josef Grebing (1879-1940)
Este hombre de negocios de Magdeburgo
(Alemania) se vio sorprendido por su enfermedad mental. En sus libros antiguos
de contabilidad expresaba sus dibujos, tablas con extraños elementos,
calendario y enigmáticos listados con números. Sus obras –también recogidas en
laColección de Prinzhorn– buscaban el orden y la armonía. Su lógica ordenada
conduce al absurdo.
Los nacionalsocialistas alemanes
denominaron a estas obras, que fueron expuestas entre 1937 y 1941, como «arte degenerado». Incluso, los nazis quemaron en 1939 más
de 4.000 obras de la Colección Prinzhorn y exterminaron a multitud de
enfermos mentales de centros psiquiátricos.
Sin embargo, para los surrealistas, que incluso visitaban los centros psiquiátricos, fue
una gran fuente de inspiración en sus obras; eran como la «Biblia». Tanto es
así, que la colección de Prinzhorn influyó en máximos exponentes del arte como Salvador Dalí, Pablo Picasso o
Max Ernst.
El escritor y teórico surrealista
francés André
Bretón quería descubrir los sentimientos más
profundos de estos seres humanos. Para ello, junto con Jean Paulhan, creó en 1948 la compañía del Arte Bruto en París; lo
que hizo fue adaptar la técnica de Sigmund Freud, «la interpretación de los sueños».
7. Aloïse Corbaz (1886-1964)
La suiza Aloïse Corbaz emigró a Alemania con 25 años para trabajar como
institutriz particular. Pronto fue contratada como educadora infantil por Guillermo II, el último emperador alemán con el que viviría en el
castillo de Postdam. Esta artista marginal se enamoró locamente del káiser,
tanto es así, que le escribía poemas. En 1914, cuando se produjo la declaración
de guerra, volvió a Lausanne con su familia. En 1918 le diagnosticaron
esquizofrenia; desde ese año estuvo en un centro psiquiátrico donde comenzó a
pintar hasta el último día de su muerte.
Los
soportes en los que pintaba eran muy variados y aprovechables, desde papeles que recogía en el baño, hasta tela,
páginas de revistas o cajas de cartón. Su obra es erótica, colorida, recargada
y extravagante. En ella se recogen multitud de figuras humanas sobre todo, de
mujeres con curvas y pelucas flotantes.
8. Martín Ramírez (1895-1963)
Este pintor autodidacta mexicano pasó las últimas tres décadas de su vida recluido, en
silencio, en un centro psiquiátrico en el norte de California. En 1930 le
diagnosticaron esquizofrenia, depresión aguda, catatonia y psicosis. Fue
entonces cuando comenzó a pintar de manera habitual.
Sus dibujos se caracterizan por la
inventiva gráfica, la manipulación
espacial (obsesionado por las puertas, arcos, los
espacios vacíos) y la mezcla de la cultura popular mexicana con la experiencia
del artista.
Martín Ramírez está considerado, por su
originalidad, como uno
de los mejores pintores autodidactas del siglo XX.
9. Louis Wain (1860-1939)
No todos los enfermos mentales proceden
del «arte bruto» hay algunos que tienen formación artística y durante
la enfermedad, en sus obras, se ha visto un proceso.
Es el caso de Louis Wain, más conocido como el pintor de los gatos. A lo largo
de su vida los pintó antropomórficos, de todas las formas, expresiones, tamaños
y colores.
A los 57 años, le detectaron esquizofrenia progresiva y
autismo. Los últimos 15 años de su vida los pasó
ingresado en un centro psiquiátrico.No
dejó de dibujar, pero, con el paso de los años, sus gatos cada vez iban deformándose con
expresión de alarma y con colores más
llamativos, síntoma del progreso de su enfermedad.
10. William Kurelek
Este artista canadiense vivió con sus padres, inmigrantes ucranianos, en una
granja, pero durante la Gran Depresión la perdieron. A pesar de que su familia
se dedicaba a la tierra, Kurelek siempre se sintió atraído por la expresión
artística. Tanto es así que estudió en dos escuelas de arte en Toronto y en
México, y también escribió varios artículos.
Cuando vivía en Inglaterra, con 25 años, le detectaron esquizofrenia, y desde ese momento ingresó en un hospital
psiquiátrico en Londres, en el que pintó su obra más famosa, «The maze» («El laberinto»), donde nos enseña sus problemas
psíquicos y tristes pensamientos.
El presidente del departamento de
Psiquiatría de la Universidad de Heidelberg (1933-1945),Carles Scheneider explicó que en las producciones creadoras de los
esquizofrénicos puede reconocerse «que la unidad inferior de la conciencia no
es abolida durante el curso de la enfermedad esquizofrénica, sino que sólo es
transformada» porque «si fuese de otro modo, en la esquizofrenia sería
imposible cualquier tipo de creación artística», cita recogida en el libro«Esquizofrenia y Arte» de Leo Navratil.
Preguntas
frecuentes sobre las enfermedades mentales y el arte
ESTEFANÍA MAGROMADRID
El Dr.
Luis Caballero, jefe de sección del servicio de
Psiquiatría del Hospital Universitario Puerta del Hierro de Majadahonda y
portavoz de la Sociedad Española de Psiquiatría, nos responde:
–No hay ninguna relación entre la
esquizofrenia y el arte. Si el paciente tiene
dotes artísticas puede condicionar su obra, ya que si se modifica su percepción
del mundo, se puede traducir en el mundo artístico. La esquizofrenia
condiciona, predispone el arte.
–Cada enfermedad mental puede afectar de
manera diferente. No hay una relación inequívoca entre la enfermedad
mental y la producción artística. A veces, las enfermedades mentales pueden
aplicarse de manera terapéutica con la arteterapia.
–Además,
Caballero nos avanza el proyecto piloto con la colaboración entre el Museo Reina Sofía y el Hospital
Universitario Puerta de Hierro de Majadahonda, que saldrá, seguramente, en otoño. Proyecto
innovador y experimental de arteterapia en esquizofrénicos que utiliza como
soporte la obra original contemporánea del siglo XX.
–La pintura ofrece, para un determinado grupo de pacientes, una oportunidad de expresión
que es muy útil. La arteterapia les permite salir de su
aislamiento ya que, algunos de ellos han perdido la sociabilidad, o el lenguaje
expresivo comunicativo. Por ello, algunos producen mucho.
–La enfermedad puede dar un giro en el
paciente. Las alucinaciones o los delirios facultan una abertura
en el arte. Hay mayor sensibilidad, transmiten de otra manera, pero, sin
embargo, hay una pérdida de funciones.
–La esquizofrenia es una enfermedad
compleja (hay varios tipos) en la que interviene
una interacción genética muy compleja y factores ambientales variables. Muchas
enfermedades responden a esta dualidad, como por ejemplo el cáncer.
–El gen DARP-32 es uno de los implicados, pero hay hasta una lista de 100 genes. Además de los
que están por descubrir.
–La esquizofrenia se puede presentar en
todos los niveles de inteligencia.
No hay una ninguna relación directa entre esquizofrenia y los superdotados.
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