Blog de Víctor José López /Periodista

domingo, 12 de febrero de 2012

MARLENE CASTILLO, Olla de Grillos

¿Puede un artista desligarse de la política?

Shirley Temple, quien desempeñó una eminente trayectoria en el servicio exterior de su país




Es una pregunta que siempre surge cuando, como es el caso de hoy, estamos participando en unos comicios, en los cuales el futuro de Venezuela podría estar en juego. Las respuestas siempre son variadas. Para algunos, el artista se debe a un público y no le estaría dado asumirse públicamente a favor de ningún color partidista. Pero hay quienes consideran, no sin cierta razón, que por encima del artista está el ciudadano, una condición que nunca debe olvidarse ¿Acaso no se ha dicho hasta la saciedad que el hombre es un animal político? Y es aquí donde el actor, la actriz, el cantante, el músico, el cineasta, el teatrero, o cualquier otro miembro del mundo del espectáculo, deciden, con convencido entusiasmo, asumir ese derecho y hacerlo valer. Así, vemos a algunos astros tomar la prerrogativa de ser una figura popular para levantar su voz proselitista, quizás recordando aquella hermosa estrofa de la canción del gran Horacio Guaraní: “Si se calla el cantor, calla la vida”. Hoy una significativa parte de la población estará participando en una jornada decisiva para el futuro de Venezuela. Hablamos de las elecciones primarias, donde se elegirá al abanderado de la oposición, una cita que por sí misma nos señala el valor de la democracia, atributo que jamás debe perder un país.
La historia habla de luminarias que luego de conocer los laureles como estrellas, han pasado a formar filas en la política. Un caso emblemático es el de Ronald Reagan. Entre las mujeres, recordemos a Shirley Temple, quien desempeñó una eminente trayectoria en el servicio exterior de su país. Venezuela no ha escapado de esta tendencia y en las elecciones de hoy hay una figura que hasta hace poco fue una de las galanas de la TV, aunque si bien se retiró de la pequeña pantalla en pleno éxito, no se desligó totalmente del oficio pues ha continuado en las tablas: Fabiola Colmenares ha demostrado temple, seguridad y seriedad en lo que hace. Se la ha visto montada en un escenario, distinto al artístico, haciendo vida política, con garra y pasión. Ella salió (¿despedida?) de Venevisión tras alzar la voz contra el cierre de RCTV. Iba a protagonizar una telenovela y el hecho cortó esa posibilidad. Se dice que la pusieron a elegir y ella decidió ejercer como ciudadana y defender derechos democráticos que, considera, se están vulnerando. Fabiola es actualmente directora del movimiento Voluntad Popular y hoy la vemos de regreso al ruedo de la política. En sus diversos discursos la hemos visto y no dejamos de recordar a Evita Perón -marcando las distancias políticas, por supuesto-, con los brazos alzados y la voz temblorosa, exclamando su oferta electoral. Ha prometido, además de luz, agua, vías de comunicación y otros servicios públicos, un gran teatro para Vargas, consciente de que la diversión sana es necesaria para el pueblo.
En los conciertos de “Paz sin fronteras”, liderados por Juanes, junto a otras figuras de prestigio, fuimos testigos de cómo el potencial de un artista no debe reducirse únicamente al cerrado espacio de un teatro, sino usarse para llevar mensajes que beneficien al mundo. Los artistas y los creadores son los vectores de la diversidad cultural y pueden influir de forma esencial en el desarrollo de la sociedad, pues poseen esa sensibilidad que los acerca a la masa. Por ello, jamás deben olvidar su condición de ciudadanos. Fabiola ha sabido usar su popularidad, desplegándola como vínculo para llegar al pueblo. ¡TAPADA LA OLLA!

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