Kris Johnson, el cubano Raúl Valdés y los dominicanos Lorenzo Barceló y Francisco Liriano abrieron como si cada uno de ellos fuera un as de rotaciónManolo Hernández Douen
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No es un ningún secreto que el pitcheo es vital para ganar una serie corta, independientemente del nivel en el que se juegue la misma.
Y los Leones del Escogido llevaron ese concepto a su máxima expresión al apuntarse la cuarta corona en la historia de su franquicia, segunda en los últimos tres años y 19na para la República Dominicana.
Fue una Serie disputada prácticamente en familia porque las asistencias estuvieron bastante bajas, pese al hecho de que se sabía de antemano que el anfitrión iba a ser uno de los grandes favoritos para apuntarse la corona.
Muchas más escasas que la concurrencia, empero, fueron las carreras permitidas por el cuerpo de lanzadores de la novena dirigida por Ken Oberkfell, quien también guió al Escogido a su corona regional del 2010.
En los primeros cuatro encuentros de la Serie del Caribe del 2012, en los cuales el Escogido sumó una ventaja de 4-0 que a la postre probó ser insuperable, los Leones toleraron solamente cuatro carreras en total, apenas dos limpias.
Pese a que el Escogido no contó con los servicios del zurdo Jordan Norberto, relevista de la organización de los Atléticos de Oakland que fue uno de sus abridores clave a lo largo de la campaña regular y la postemporada, ninguno de los iniciadores en esos primeros cuatro partidos permitió carrera limpia, algo simplemente fantástico.
Aunque es cierto que el Estadio Quisqueya suele ser un paraíso para los lanzadores, al punto tal de que el primer jonrón de la Serie del Caribe del 2012 apenas lo pegó el venezolano Luis Jiménez en el décimo choque de la contienda, la faena del pitcheo dominicano tuvo matices históricos.
La efectividad global del cuerpo de serpentineros de los monarcas en los primeros cuatro desafíos fue de 0.45, menos de media carrera limpia por cada nueve episodios trabajados, y el WHIP fue de 0.85, es decir que entre imparables y boletos se le embasó menos de un bateador por entrada.
Kris Johnson, el cubano Raúl Valdés y los dominicanos Lorenzo Barceló y Francisco Liriano abrieron como si cada uno de ellos fuera un as de rotación. Y es muy probable que el quinto iniciador, el también quisqueyano Aneury Rodríguez, también hubiera salido airoso de no ser que para ese entonces ya los Leones eran los campeones de la justa.
Pablo Ozuna, pelotero con experiencia en las Grandes Ligas, encabezó a la República Dominicana con .412 en esos primeros cuatro choques y Andy Dirks, jardinero de los Tigres de Detroit, hizo méritos para ser un fuerte candidato al Jugador Más Valioso del evento por sus hits oportunos y un fabuloso engarce en el prado derecho frente a la representación mexicana en la cuarta jornada que cercenó una posible reacción que le hubiera cambiado el curso a la Serie.
Ozuna fue el campeón bate de la contienda con .421.
Sin embargo, sin ese pitcheo hermético el desenlace pudo ser totalmente diferente.
Prueba de que los brazos prevalecieron en la coronación dominicana es que el cerrador de los Leones, Jairo Asencio, de la organización de los Bravos de Atlanta, fue proclamado el Más Valioso de la justa al apuntarse el juego salvado en tres de las cuatro victorias sumadas por el Escogido (4-2).
Entretanto, los Yaquis de Ciudad Obregón cayeron con las botas puestas al perder juegos bien cerrados frente a los campeones y los Indios de Mayaguez, de Puerto Rico, en su intento por ser el primer campeón en Series del Caribe seguidas desde las Aguilas Cibaeñas en 1997 y 1998.
Puerto Rico le metió importantes zancadillas a los Tigres de Aragua en la primera jornada y a los Yaquis cuando estos necesitaban de una victoria en la quinta tanda para mantener vivo el interés de la Serie.
En ambos casos, el abridor de los campeones de la Isla del Encanto fue Nelson Figueroa, un serpentinero que fue mucho más allá del deber sacando la cara en dos largas y efectivas faenas aún a sabiendas de que a la vuelta de la esquina irá al campo de los Azulejos de Toronto en busca de un puesto en la Gran Carpa.
Por su parte, los Tigres comenzaron a rugir cuando prácticamente ya no había presión al ganar partidos por 7-0 en jornadas consecutivas frente a Puerto Rico y República Dominicana.
Los campeones venezolanos ganaron sus tres últimos partidos por marcador global de 20-2 para igualar el segundo puesto de la competencia con Puerto Rico, ambos con 3-3, mientras México cerraba en 2-4.
Le cupo el honor a los Tigres de contar con el hombre que sacudió el primer jonrón de la Serie, una tabla productora de tres carreras de Jiménez, quien buscará un cupo con los Marineros de Seattle en calidad de invitado a los entrenamientos de Grandes Ligas.
También con Aragua jugó uno de los peloteros jóvenes más electrizantes de la Serie, el paracorto de los Tiburones de La Guaira, Miguel Rojas, quien decapitó un roletazo a mano limpia en el abanico para fusilar a un corredor con un tiro fabuloso a la primera base, un lance que dejó boquiabiertos a tirios y troyanos, los que la vieron en vivo y los que tuvimos el privilegio de observar la transmisión que hizo ESPN Deportes desde Quisqueya hasta los Estados Unidos.
En otro orden de ideas, se multiplicaron los comentarios de qué se necesitará hacer para generar más interés de la fanaticada hacia la Serie.
En este sentido, Enrique Rojas, periodista y comentarista de ESPN, lleva la batuta entre los que consideran que se necesita un formato que derive en un juego final significativo, para que no ocurra lo de la quinta jornada: el Escogido se tituló fuera del terreno al ganarle Puerto Rico a México, y celebró con una Vuelta Olímpica en medio de fuegos artificiales luego de ser blanqueado 7-0 por Venezuela.
El dirigente de los Tigres, Buddy Bailey, hizo una sugerencia que le parece bastante atractiva a Béisbol por Gotas: dividir los participantes en pares y en diferentes países para que de estos salgan los finalistas que definan la justa.
Una tercera propuesta es que se inviten más países, como Nicaragua y Cuba.
A un humilde servidor se le ocurre la idea de celebrar la serie en una sede fija, Miami, pero no en un estadio improvisado como se hizo infructuosamente hace un par de décadas sino en las modernas instalaciones del nuevo parque de Miami.
Ojalá se busque una fórmula ideal con miras a la próxima cita, a celebrarse en Hermosillo, México, en un estadio que se estrenará precisamente para la Serie del Caribe, un evento que tiene demasiado relieve como para dejarlo que se extinga como un fósforo en la tormenta.
Por ahora, a celebrar en la tierra del merengue. El Escogido, un tremendo y digno campeón.
¡Felicitaciones!
Hasta pronto y, por favor, nunca pierdan la esperanza.
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