Chile sufrió una derrota inédita ante Venezuela (2-1) y dejó escapar una inmejorable oportunidad de ganar la Copa América, que ya tenía a Argentina y Brasil fuera de carrera. Otra vez, se mira y no se toca...
ANTONIO VALENCIA
El Mercurio de Chile
El desencanto hecho una pintura. Claudio Borghi inmóvil en la zona del banquillo con las manos en los bolsillos, observando a sus pupilos en la derrota. Jorge Valdivia destrozado y el resto con las miradas perdidas. El final en San Juan, con una multitud de chilenos aturdidos e incrédulos y los jugadores venezolanos celebrando una hazaña, sintetizan el doloroso adiós rojo del certamen.
Esta generación de seleccionados chilenos, la mejor para muchos a lo largo de la historia, tenía la apuesta máxima a nivel continental. Y despedirse frente a Venezuela es la peor condena.
Chile reflejó en la primera parte de ayer sus peores pecados: ripios en la estrategia y rendimientos individuales irregulares. Un equipo que quería proponer, pero no podía y que necesitaba que le mojaran la oreja para reaccionar de verdad, tal como lo hicieron México y Uruguay en la fase grupal. Oswaldo Vizcarrondo ganó un cabezazo aéreo, tras un tiro libre de Juan Arango, y la Roja empezó cuesta arriba.
Un gravitante Valdivia en el complemento lideró la furia de Chile en busca del empate. El equipo tuvo pasajes demoledores y llegó a generar cinco ocasiones diáfanas de gol: a Mauricio Isla y Arturo Vidal les sacaron el gol en la línea, Humberto Suazo y el "Mago" remecieron el travesaño... "Chupete" rompió su sequía con un derechazo alto, tras centro de Alexis Sánchez.
Pero esto es alta competencia y los detalles te mandan al infierno. "Celia" cometió una infracción a 30 metros del arco, Arango le pegó al arco, Claudio Bravo dio un rebote maldito y Gabriel Cichero acertó un gol irremontable a 9' del final.
Chile pretendía revalidar la chapa que se ganó en el pasado. Ahora, con nuevo DT, refrendó un estilo, gustó a ratos, pero también desparramó desprolijidades, que dejan al equipo en la misma lista de espera, que ya lleva largos 95 años y no avanza.
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