Blog de Víctor José López /Periodista

lunes, 18 de julio de 2011

De Amores y Corcheas: Carla Bruni la cantautora



© Carlos M. Montenegro
carlosmmontenegro22@gmail.com

La música, ese idioma universal que puede transportarnos a cualquier situación vivida en instantes, también es un vehículo fascinante pera iniciar romances. Sus creadores e intérpretes no podían ser menos, y se han dado casos verdaderamente curiosos en todas las épocas.
Como el de Billie Holiday, una de las cantantes de jazz más populares e influyentes del siglo XX. Emergió en una época donde para destacarse, siendo de raza negra, había que tener un talento descomunal. Nacida como Eleanor Fagan Gough (Filadelfia 1915), su madre tenía 13 años cuando la trajo al mundo y su padre 15. Éste las abandonó enseguida y la pequeña terminó en un orfanato hasta los diez años en que se escapó; viviendo en la calle; fue pasando por todos los escalafones de la degradación que imaginarse pueda violaciones incluidas. Hasta 1933 ejerció la prostitución y cantaba en tabernas, influida por Bessie Smith o Ma Rainey, hasta que el productor John Hammond vio algo en aquella jovencita de 17 años y llevó nada menos que a Benny Goodman para que escuchara sus desgarradores “blues”. Al terminar, Billie solía decir a su audiencia: “yo he vivido en carne propia todo lo que ustedes han escuchado”.
Goodman la sacó de aquél infierno, pero su verdadera hora llegó al conocer a Count Basie, quién la incluyó en su banda – que la puso a valer – y a Lester Young, a la sazón miembro de la orquesta, con quien guardó una profunda relación hasta su muerte. En los crónicas de su vida, llena de claroscuros, se ha dicho que ella y el gran saxofonista fueron amantes cada vez que sus caminos los juntaban; en una entrevista en los años 50, ella misma desveló que tras una vida tan promiscua en romances, al único hombre que amó siempre de verdad fue a Freddie Green, el guitarrista que acompañó a Count Basie durante más de 20 años, lo que impidió que pudieran tener nada estable, pues Billie debió seguir su propia carrera. Algo que mantuvo en secreto. Lester Young sólo fue su aliado y se admiraron hasta que ambos murieron en 1959 con semanas de diferencia.
Otra curiosa historia de sucedió en Nueva York. Era 1963 cuando el saxofonista de jazz Stan Getz se unió con dos famosos músicos, creadores de la “bossa nova”: Joao Gilberto, guitarra y voz, Antonio Carlos Jobin, piano, además de Sebastiao Neto, bajo y Milton Banana, batería, para grabar un disco de fusión con el jazz, tal vez el más interesante de todos los tiempos en su género. En el estudio estaba la joven y bella esposa de Joao Gilberto, Astrud, que servía de traductora. El productor la invitó a cantar algunas estrofas en inglés y gustó tanto que terminó interpretando dos temas completos: “The girl from Ipanema” y “Corcovado”. Era la primera vez que lo hacía y ni siquiera la nombraron en los créditos; sin embargo sucedieron dos cosas importantes: 1ª) con aquellas dos canciones Astrud Gilberto se hizo mundialmente famosa y 2ª) que mientras grababa el disco, vivió con Getz un tórrido romance, tan tórrido que al terminar el disco también se terminó el matrimonio con Gilberto. Es decir, Astrud entró a la producción como la señora Gilberto, traductora y salió como la cantante “señora de Getz” (aunque realmente no se casaron, perdonen la pequeña licencia, pero lo otro sí). Getz la ayudó en su fabulosa carrera como solista que aún perdura.
Mucho más reciente es el curioso caso del señor Nikolas Sarkozy, que dos meses después de ser electo presidente de la República Francesa (16 de mayo de 2007), anunció el divorcio de su segunda esposa Cecilia, tras 11 años de matrimonio. Semanas después, durante sus vacaciones de verano fue visto a bordo de un yate en el mediterráneo junto a una joven muy bella con la que poco después contraería matrimonio convirtiéndola en la primera dama de Francia. Como es natural la noticia dio la vuelta al mundo y durante meses ocupó las primeras planas de todos los periódicos escudriñando meticulosamente en la vida de la joven compañera del recién divorciado presidente francés. La mayor parte de la prensa internacional reseñó, tras el comunicado oficial anunciando la boda, que se trataba de la señorita Carla Bruni Tedeschi, modelo y actriz nacida en Turín, Italia, en 1967.
Estaba nacionalizada en Francia y era reconocida como “top model”, desde que en 1988 desfiló para Yves Saint Laurent nada menos. En 1995 filmó su primera película “Catwalk”, dirigida por Richard Leacock y dos años después “Paparazzi”, de Alain Berberian. Poco más se desprendía del escueto comunicado de prensa publicado por el Elíseo, pero la acuciosa prensa rosa fue más allá destacando los consabidos chismes que no se decían oficialmente; descubrieron que Carla Bruní, no hacía mucho era la novia de Mick Jagger, el cantante de los Rolling Stones, y se la vinculó con el entorno de artistas como Eric Clapton o magnates como Donald Trump.
Lo que no se reseñó tanto es que tras diez años como modelo se retiró del oficio sorpresivamente e irrumpió, tiempo después, de forma muy potente como cantautora y con muchísimo éxito. En 2002 había grabado el CD “Quelqu’un m’a dit”, que vendió casi dos millones de discos y estuvo en las listas de los cinco continentes a menudo en n°1. “No promises” (2007) con 580.000 vendidos solo en su país, fue en esa época fue cuando el presidente galo la conoció durante una conferencia sobre la piratería en Internet (23/12/2007), y el 11 de Julio de 2008, se publicó “Comme si de rien n’était”, siendo ya primera dama de Francia.
En Venezuela, el cineasta Marcel Raskin había utilizado un fragmento para un comercial, de una canción llamada “mon amour, mon ami” composición de Marie Laforet interpretada por una desconocida, para nosotros, cantante francesa llamada Carla Bruni.

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