OÍDO EN LA CHATA
Farruco, la cultura no es conuco (Pinta en las paredes del Teresa Carreño)
EN ESTE PAÍS, que no tiene huevos y donde es más fácil conseguir en losestantes un litro de whisky 18 años que un pote de leche para un niñohambriento, se le ha dado la puntilla al Estado de Derecho. Los sigüis de ElSupremo han declarado inhabilitado al Alcalde Leopoldo López, pensando queponiéndose de rodillas, violando la razón y la Constitución, se quitarán deen medio al hombre que reclama el pueblo de Venezuela para que conduzca lacasi destruida capital de la república. Así consta en las encuestas delrégimen y de la oposición, por ello la reacción de Chávez de ahorcar lospoderes con las tenazas de su voluntad. El Supremo, una vez más, viola laConstitución de la República. Esta Carta Magna, violada, irrespetada yviolentada, dice en su artículo 42: “ El ejercicio de la ciudadanía o dealguno de los derechos políticos solo puede ser suspendido por sentenciajudicial firme en los casos de que determine la ley.” Cosa que no haocurrido con Leopoldo López, el venezolano con mayor aceptación político enVenezuela. Mientras, los tres jinetes apocalípticos que Chávez designó adedo para alcaldes de Caracas, Barreto, Rangel Ávalos y Bernal son losciudadanos más rechazados políticamente por los venezolanos. Un rechazo queno es más la consecuencia de su iniquidad, incapacidad y destrucción con lasarmas de la inseguridad, basura, hambre, corrupción
MÁXIMO CANALES era el nombre que utilizaba el pintor Paul del Río paraactuar en la clandestinidad, allá por los años sesenta. Su más destacadaacción fue el secuestro de Alfredo di Stéfano. Algunos dicen que laguerrilla marxista recurrió a la fotogenia de Máximo Canales, a quien losmedios convirtieron en ídolo histórico de histéricas caraqueñas, parapublicitar sus acciones terroristas. Como guerrillero. Dicen que fue unamediocridad. No así como pintor, ya que hoy es un maestro de las artesplásticas. Paul del Río es Director del Museo Cuartel San Carlos cuyarefacción es considerada un crimen al patrimonio histórico nacional. Pauldel Rio está las órdenes de Farruco, el que confunde cultura con conuco, elde la curiosa carta a Juan Manuel Serrat. Cuentan por los pasillos que elsecuestrador está muy enojado con su padrino Farruco, más no por la cartaque el ministro le enviara al divo catalán, sino porque Sesto nombró a IvánPadilla viceministro. Lo de Padilla es otra historia en la oscuridad de losacontecimientos de la lucha armada marxista.
EL PUNTO G ha sido localizado científicamente. Una investigación con 20mujeres demuestra que el Punto G se encuentra en el espacio uterovaginal.Mediante una ecografía vaginal transversal ha podido verse. Sin embargo, notodas las mujeres tienen Punto G. Punto G, existe... y además lo dicen loscientíficos. El investigador italiano de sexología médica de la Universidadde L'Aquila, Emmanuele Jannini, afirma haber encontrado el Punto G escondidoen un pequeño espacio entre la uretra y la vagina, y tiene un espesorsuperior a lo normal. Algo que ya afirmó en 1944 su descubridor, el alemánErnst Gräfenberg. "Hemos demostrado con seguridad la existencia del Punto Gen alguna mujeres. Y también la posibilidad de descubrirlo de una manerasimple, con una ecografía habitual", ha declarado Janini. "Con estedescubrimiento termina la época de la sexología basada en las opiniones".
SWEET RELEASE es un suplemento dietético que se toma dos veces al día anteso después de las comidas. En el plazo de 7-28 días Sweet Release cambiará elolor y el sabor de su semen. Su semen cambiará de un sabor saladodesagradable a un sabor de manzana. Sweet Release es un suplemento herbario100% natural desarrollado específicamente para los hombres. Se trata depromocionar el sólo de flauta. También la bajada al pilón, porque losfabricantes tienen una versión femenina. Lo que dicen es Sweet Release espara todo aquel que desee mejorar el sexo oral y sorprender a su pareja conuna nueva experiencia fantástica.
YOU TUBE, según Alexa.com, que ordena los sitios web en función de sutráfico, el portal de vídeos YouTube ha sobrepasado a Google como la segundaweb más visitada del mundo. Google ha caído hasta la cuarta posición pordetrás de Windows Live, mientras que Yahoo permanece en primer lugar. Elalza de YouTube demuestra la importancia de los vídeos en internet. Aunquela mayoría de los vídeos tratan temas de entretenimiento, otros se utilizancomo herramienta de marketing, cada vez proliferan más los vídeosdocumentales, informativos y de tutoriales. Por otro lado, el primer puestode Yahoo señala a la popular web como el suculento plato que Microsoft estáintentando devorar a golpe de talonario
¿ES PARA UD el comer un placer? Leyendo una entrevista que Víctor Amela lehace al conde de Sert, hemos pensado en quienes siguen al pie de la letra elconsejo del gran Voltaire: "El placer es el objeto, el deber y el fin detodo ser razonable". Por ello y en beneficio suyo algunas de lasrespuestas de Sert a Amela. Antes, dejemos que el señor conde se presenteasí mismo: Tengo 67 años. Nací y vivo en Barcelona. Soy un apasionado dela historia, la política y la buena mesa, y miembro de la Academia Catalanade Gastronomía. Estoy casado, tengo tres hijos (Genara, Paco y Misia) y dosnietos. Soy monárquico y socialista. ¿Dios? Soy materialistaLas preguntas y sus respuestas: ¿Qué distingue al goloso del glotón? Para el goloso, comer es conocimientoy placer. Sigo a Voltaire: "El placer es el objeto, el deber y el fin detodo ser razonableŠ Glotón es quien come hasta reventar, y jamás locriticaré: es alguien que, en vez de dedicarse a fastidiar a los demás,come.
¿Cómo comía Franco? Poco y mal. ¡Tenía como cocinero a un guardiacivil! Le servía una comida ñoña y casposa y ¡bebía siempre agua templada!¿Por qué? Tenía delicado el estómago, y el agua fresca le hacía irse por laentrepierna. A veces su hermana le guisaba lacón con grelos, su platopredilecto. A Franco no le iba ni comer ni folgar. No era de viciospequeños.
¿En qué momento de la historia hemos comido mejor? Hoy. Aunquealgunos poquitos comieron extraordinariamente bien, claro... Los emperadoresy patricios romanos buscaban felicidad mediante el goce de todos lossentidos..
¿A quién de ellos destacaría? Lúculo (siglo I a. C.) tenía docecomedores en su casa e invitaba a sus amigos a mesas rebosantes de marisco,pajaritos de nido con espárragos, pastel de ostras, pescados, lechonesasados, patos, liebres, perdices de Frigia, esturiones de Rodas, queso,dulces..
Fastuoso festín El más caro de la historia fue uno en que Calígulagastó ¡tres toneladas de oro! Pero el más glotón de todos los tiempos fue elemperador Vitelio: sorbía 1.200 ostras como aperitivo, y seguían alimentossofisticados...
¿Como cuáles? Hígados de caballa, sesos de faisán y pavoreal, lenguas de flamenco... Enviaba escuadras enteras a los confines delimperio para avituallarse de todo. ¡Esto le costó la vida! ¿Por indigestión?Ante tanto dispendio, sus oponentes le desnudaron, untaron de excrementos,exhibieron por Roma y le arrojaron al Tíber.
¿Cuando nace la cocina moderna?Nace tras la Revolución Francesa: los grandes cocineros de la corte y laaristocracia quedan cesantes, y abren casas de comidas para restaurar elánimo: ¡restaurantes!
¿Quién ha sido su modelo de goloso? Talleyrand.Napoleón delegó en él, y Talleyrand apostó por la cocina como expresión delpoder y cultura de Francia en Europa.
¿Qué pediría para su última comida? Deentrada, sorbería unas docenitas de ostras bien grandes, de esas que terebosan y gotean por la comisura de los labios... Es que para disfrutar,¡hay que marranear...!
viernes, 29 de febrero de 2008
miércoles, 13 de febrero de 2008
DISCURSO DE JUAN LAMARCA SOBRE PONCE
UNIVERSIDAD DE LOS ANDES
CÁTEDRA DE TAUROMAQUIA
"RAUL BRICEÑO FERRIGNI"
COLOQUIOS DE TAUROMAQUIA
"LA EXPRESIÓN ARTÍSTICA EN EL TOREO DE ENRIQUE PONCE"
El concepto y el buen hacer del maestro Enrique Ponce constituyen la máxima expresión artística en el toreo, la cual se manifiesta desde su alta sensibilidad en la aplicación de una técnica y conocimiento que traslucen la pureza y el clasicismo en los que históricamente se basa.
Las modas también surgen en la Fiesta Brava y, aun añadiendo páginas importantes, siempre son perecederas, por lo que el devenir y el ser del toreo acaba volviendo a su propia esencia que es la aplicación de las normas clásicas del arte del toreo. Hay quien afirma que no existe mejor moda que lo clásico.
El triunfo, por otro lado legítimo, de los que van por otros derroteros alejándose del clasicismo de la regla, se cimenta sumándole amplias dotes de personalidad, pero he aquí que en el maestro de Chiva se conjugan ambas cualidades de clasicismo e idiosincrasia, basadas en el valor y en la inspiración en cada caso para expresar el arte del toreo, cuyo ejercicio se nos presenta como una cosa muy compleja, llegando a pensar que ha alcanzado formas y pautas definitivas, no obstante de estimarse como un arte aún joven en relación con las demás artes que alcanzaron su definición hace miles de años.
Pero quizás sea el maestro Enrique Ponce el que nos lleve al firme convencimiento de que el toreo con él alcanza su máxima expresión artística y en él se culmina su evolución.
Enrique Ponce nos ofrece su concepto de la tauromaquia y nos muestra cómo las suertes de la lidia que realiza no comportan solamente el aspecto visual, sino que nos revela que tiene
delante a un animal fiero al que hay que entender, reducir y dominar. Por lo tanto no tiene únicamente que ir a un proceder de estética personal como artista que es, sino a la eficacia de su poderío sobre el animal, configurando la estampa de un "ballet dramático" como así lo definía Vicente Zabala en su obra "La Fábula de Domingo Ortega".
Pues sí, señores, ahí tenemos la incontestable realidad del toreo de Enrique Ponce y su natural expresión artística, su concepto, como el del maestro de Borox: "Parar, Templar, Cargar y Mandar". ¡Ahí es nada! Pero no se pueden lograr esas fases sin una inicial y primordial como es la de CITAR, desde el punto geométrico que exige la regla y demandan las condiciones del toro.
Es por ello que el sentido de la colocación en el joven y ya legendario maestro sea decisivo para la correcta ejecución de las suertes que cincela, por lo que se deduce que "no es igual dar pases que torear".
Se estima como la parte más bella y enjundiosa de su toreo la de delante, aquella en que el torero se enfrenta con el toro echándole la capa o la muleta adelante, para que a medida que la res va entrando en su jurisdicción, la va templando inclinándose sobre la pierna contraria, al tiempo que ésta avanza hacia el frente y alarga al toro en la profundidad del pase para transmitir su sentimiento a la emoción del aficionado.
En palabras del propio torero todo ello supone torear a favor de toro y lo distinto sería “destorear”, ya que la consecuencia del auténtico toreo "no es llevar al toro por dónde no quiere ir, sino por donde el lidiador quiere que vaya", y añade: "Por supuesto, con su permiso." El del toro, naturalmente.
¿Acaso no es su clasicismo conceptual el que han practicado lo más grandes del toreo?. Entre ellos no sólo se encuadra nuestro homenajeado, sino que incluso es considerado como "torero de toreros", es decir, mostrándose como un espejo donde mirarse el resto de la profesión, lo reconozcan o no lo reconozcan algunos.
La excelsa expresión artística del toreo de Enrique Ponce llega a todos y por todos es reconocida, con las consabidas negaciones y discrepancias, como no podría ser menos, que toda figura importante genera. Su apasionada afición y su responsable profesionalidad supera el más mínimo atisbo de sentido acomodaticio o actitud de relajo en su buen hacer que pudiera brotar de la continua admiración y reconocimiento que recibe de aficionados y públicos del orbe taurino que lo elevan al Olimpo de la Tauromaquia.
El diestro valenciano, hijo adoptivo de la provincia de Jaén como vecino de Las Navas de San Juan, no ha sido acogido en exclusiva ni por aficionados selectivos ni por las mayorías populares, se erige como torero de todos y para todos, con las masas entregadas durante lustros de ejercicio, sin que ello suponga el efecto del consabido aserto de que en los toros cuando la masa interviene el arte degenera, por lo menos en el caso de Enrique Ponce, que lo exhibe con la excelencia que le caracteriza.
La técnica, la estética y la expresión artística de Ponce en su asombrosa regularidad raya en tal perfección que algunos, maliciosa y resentidamente, "la ven con hastío y la sufren por insultante". No sería esta la posición de Eugenio D'Ors quien afirmaba:
"No hay que cansarse de aspirar a la perfección ni de hacer apología de ella, porque de lo demás, en fin de cuentas siempre quedará bastante".
Por el contrario hoy en día nos quieren convencer de que el toreo perfecto, "el no va más", "lo nunca visto" consiste por ejemplo en que cuando un toro se para por falta de acometividad o por estar entregado por exceso de brega, el
torero avance hacia él en su verticalidad y de costado hasta rozarle la pala del pitón para provocar su arrancada y darle rígido un pase natural ¡pues vaya naturalidad!.
Lo clásico, como así lo entendiera y ejecutara Domingo Ortega, sería despegarse perdiéndole un paso y ofrecerle el diestro el pecho, que es lo más noble que tiene el hombre, citar con la muleta adelantando la pierna, en movimiento lento acompañado ligeramente para que surja la belleza del muletazo.
Por otro lado no se aproxima a la perfección el hecho de citar al toro de perfil en actitud estática, lo que se conoce como "hacer el poste" y citar al toro con la muleta retrasada a la altura de la cadera para que se estrelle la res o conseguir a lo máximo un medio pase.
A veces la cadera mejor serviría para "apoyar las manos y pasear por la calle de Alcalá…..con la falda almidoná", como cantara Celia Gámez.
El arrojo y el valor no radica en el ¡uy! o en el ¡ay!, los derrotes a la muleta por falta de temple pisando terrenos de cercanías mal calculadas, o en las cogidas frecuentes por defecto de técnica en la lidia del burel, puesto que la finalidad o el éxito del espada debe basarse en su dominio y la cogida por el toro indica su fracaso, sí, la supuesta épica del tremendismo, aunque sea con arte cuando el que lo interpreta está dotado de fino estilo.
Es por eso que reitero el concepto taurómaco del maestro Enrique Ponce, el cual en cada faena exhibe el esquema de movimientos en los que el arte del toreo consiste, de forma que llevando a la práctica las reglas clásicas hace brotar la excelencia de su toreo y todo lo que tiene de ritmo resaltará en la armonía de ese grupo escultórico en movimiento que es la belleza del arte de torear.
Para finalizar, y a mayor abundamiento, les refiero que fue el Conde de la Estrella el que consiguiera de Fernando VII, el Rey felón, la orden de crear la Escuela de Tauromaquia de Sevilla bajo la dirección del legendario Pedro Romero.
El noble albergaba el convencimiento de que en el toreo, en relación con las demás artes, la aplicación de las normas clásicas conducía al más puro y profundo romanticismo, estimando al maestro rondeño como depositario y fiel intérprete de estos valores, lo que así hacía saber al Rey en la numerosas cartas que le escribiera y en un fragmento de una de ellas así se refería:
"Sepa Vuestra Merced, señor mío, que el timón de esta nave es la muleta, en que es Romero inimitable, ya llevándola horizontal al compás del ímpetu del toro, ya llevándola rastrera, como barriéndole el piso dónde ha de caer, o que ha de usar mal de su grado; aquella muleta que siempre huye y nunca se aleja de los ojos de la fiera, que a veces le obedece como caballo sin freno".
Pues bien, señoras y señores, queridos amigos: les ruego practiquen un fácil ejercicio de imaginación y sustituyan del párrafo anterior el nombre de Romero por el de Ponce, el torero de época, de la época del Excmo. Sr. D. Enrique Ponce Martínez, naturalmente.
Mérida 31 de Enero de 2008
CÁTEDRA DE TAUROMAQUIA
"RAUL BRICEÑO FERRIGNI"
COLOQUIOS DE TAUROMAQUIA
"LA EXPRESIÓN ARTÍSTICA EN EL TOREO DE ENRIQUE PONCE"
El concepto y el buen hacer del maestro Enrique Ponce constituyen la máxima expresión artística en el toreo, la cual se manifiesta desde su alta sensibilidad en la aplicación de una técnica y conocimiento que traslucen la pureza y el clasicismo en los que históricamente se basa.
Las modas también surgen en la Fiesta Brava y, aun añadiendo páginas importantes, siempre son perecederas, por lo que el devenir y el ser del toreo acaba volviendo a su propia esencia que es la aplicación de las normas clásicas del arte del toreo. Hay quien afirma que no existe mejor moda que lo clásico.
El triunfo, por otro lado legítimo, de los que van por otros derroteros alejándose del clasicismo de la regla, se cimenta sumándole amplias dotes de personalidad, pero he aquí que en el maestro de Chiva se conjugan ambas cualidades de clasicismo e idiosincrasia, basadas en el valor y en la inspiración en cada caso para expresar el arte del toreo, cuyo ejercicio se nos presenta como una cosa muy compleja, llegando a pensar que ha alcanzado formas y pautas definitivas, no obstante de estimarse como un arte aún joven en relación con las demás artes que alcanzaron su definición hace miles de años.
Pero quizás sea el maestro Enrique Ponce el que nos lleve al firme convencimiento de que el toreo con él alcanza su máxima expresión artística y en él se culmina su evolución.
Enrique Ponce nos ofrece su concepto de la tauromaquia y nos muestra cómo las suertes de la lidia que realiza no comportan solamente el aspecto visual, sino que nos revela que tiene
delante a un animal fiero al que hay que entender, reducir y dominar. Por lo tanto no tiene únicamente que ir a un proceder de estética personal como artista que es, sino a la eficacia de su poderío sobre el animal, configurando la estampa de un "ballet dramático" como así lo definía Vicente Zabala en su obra "La Fábula de Domingo Ortega".
Pues sí, señores, ahí tenemos la incontestable realidad del toreo de Enrique Ponce y su natural expresión artística, su concepto, como el del maestro de Borox: "Parar, Templar, Cargar y Mandar". ¡Ahí es nada! Pero no se pueden lograr esas fases sin una inicial y primordial como es la de CITAR, desde el punto geométrico que exige la regla y demandan las condiciones del toro.
Es por ello que el sentido de la colocación en el joven y ya legendario maestro sea decisivo para la correcta ejecución de las suertes que cincela, por lo que se deduce que "no es igual dar pases que torear".
Se estima como la parte más bella y enjundiosa de su toreo la de delante, aquella en que el torero se enfrenta con el toro echándole la capa o la muleta adelante, para que a medida que la res va entrando en su jurisdicción, la va templando inclinándose sobre la pierna contraria, al tiempo que ésta avanza hacia el frente y alarga al toro en la profundidad del pase para transmitir su sentimiento a la emoción del aficionado.
En palabras del propio torero todo ello supone torear a favor de toro y lo distinto sería “destorear”, ya que la consecuencia del auténtico toreo "no es llevar al toro por dónde no quiere ir, sino por donde el lidiador quiere que vaya", y añade: "Por supuesto, con su permiso." El del toro, naturalmente.
¿Acaso no es su clasicismo conceptual el que han practicado lo más grandes del toreo?. Entre ellos no sólo se encuadra nuestro homenajeado, sino que incluso es considerado como "torero de toreros", es decir, mostrándose como un espejo donde mirarse el resto de la profesión, lo reconozcan o no lo reconozcan algunos.
La excelsa expresión artística del toreo de Enrique Ponce llega a todos y por todos es reconocida, con las consabidas negaciones y discrepancias, como no podría ser menos, que toda figura importante genera. Su apasionada afición y su responsable profesionalidad supera el más mínimo atisbo de sentido acomodaticio o actitud de relajo en su buen hacer que pudiera brotar de la continua admiración y reconocimiento que recibe de aficionados y públicos del orbe taurino que lo elevan al Olimpo de la Tauromaquia.
El diestro valenciano, hijo adoptivo de la provincia de Jaén como vecino de Las Navas de San Juan, no ha sido acogido en exclusiva ni por aficionados selectivos ni por las mayorías populares, se erige como torero de todos y para todos, con las masas entregadas durante lustros de ejercicio, sin que ello suponga el efecto del consabido aserto de que en los toros cuando la masa interviene el arte degenera, por lo menos en el caso de Enrique Ponce, que lo exhibe con la excelencia que le caracteriza.
La técnica, la estética y la expresión artística de Ponce en su asombrosa regularidad raya en tal perfección que algunos, maliciosa y resentidamente, "la ven con hastío y la sufren por insultante". No sería esta la posición de Eugenio D'Ors quien afirmaba:
"No hay que cansarse de aspirar a la perfección ni de hacer apología de ella, porque de lo demás, en fin de cuentas siempre quedará bastante".
Por el contrario hoy en día nos quieren convencer de que el toreo perfecto, "el no va más", "lo nunca visto" consiste por ejemplo en que cuando un toro se para por falta de acometividad o por estar entregado por exceso de brega, el
torero avance hacia él en su verticalidad y de costado hasta rozarle la pala del pitón para provocar su arrancada y darle rígido un pase natural ¡pues vaya naturalidad!.
Lo clásico, como así lo entendiera y ejecutara Domingo Ortega, sería despegarse perdiéndole un paso y ofrecerle el diestro el pecho, que es lo más noble que tiene el hombre, citar con la muleta adelantando la pierna, en movimiento lento acompañado ligeramente para que surja la belleza del muletazo.
Por otro lado no se aproxima a la perfección el hecho de citar al toro de perfil en actitud estática, lo que se conoce como "hacer el poste" y citar al toro con la muleta retrasada a la altura de la cadera para que se estrelle la res o conseguir a lo máximo un medio pase.
A veces la cadera mejor serviría para "apoyar las manos y pasear por la calle de Alcalá…..con la falda almidoná", como cantara Celia Gámez.
El arrojo y el valor no radica en el ¡uy! o en el ¡ay!, los derrotes a la muleta por falta de temple pisando terrenos de cercanías mal calculadas, o en las cogidas frecuentes por defecto de técnica en la lidia del burel, puesto que la finalidad o el éxito del espada debe basarse en su dominio y la cogida por el toro indica su fracaso, sí, la supuesta épica del tremendismo, aunque sea con arte cuando el que lo interpreta está dotado de fino estilo.
Es por eso que reitero el concepto taurómaco del maestro Enrique Ponce, el cual en cada faena exhibe el esquema de movimientos en los que el arte del toreo consiste, de forma que llevando a la práctica las reglas clásicas hace brotar la excelencia de su toreo y todo lo que tiene de ritmo resaltará en la armonía de ese grupo escultórico en movimiento que es la belleza del arte de torear.
Para finalizar, y a mayor abundamiento, les refiero que fue el Conde de la Estrella el que consiguiera de Fernando VII, el Rey felón, la orden de crear la Escuela de Tauromaquia de Sevilla bajo la dirección del legendario Pedro Romero.
El noble albergaba el convencimiento de que en el toreo, en relación con las demás artes, la aplicación de las normas clásicas conducía al más puro y profundo romanticismo, estimando al maestro rondeño como depositario y fiel intérprete de estos valores, lo que así hacía saber al Rey en la numerosas cartas que le escribiera y en un fragmento de una de ellas así se refería:
"Sepa Vuestra Merced, señor mío, que el timón de esta nave es la muleta, en que es Romero inimitable, ya llevándola horizontal al compás del ímpetu del toro, ya llevándola rastrera, como barriéndole el piso dónde ha de caer, o que ha de usar mal de su grado; aquella muleta que siempre huye y nunca se aleja de los ojos de la fiera, que a veces le obedece como caballo sin freno".
Pues bien, señoras y señores, queridos amigos: les ruego practiquen un fácil ejercicio de imaginación y sustituyan del párrafo anterior el nombre de Romero por el de Ponce, el torero de época, de la época del Excmo. Sr. D. Enrique Ponce Martínez, naturalmente.
Mérida 31 de Enero de 2008
jueves, 7 de febrero de 2008
Leonardo, o el toreo como faena
Última corrida de la Feria de Mérida Leonardo, o el toreo como faena |
| Benítez los pasó por la piedra, mientras Rafa Rodríguez enloquecía la multitud. Muy buena corrida de Miguel Gutiérrez |
Para Leonardo Benítez, mestizo venezolano, barro amasado al calor de muchas sangres, el toreo es una exigencia angustiosa de expresión. Sus pases a Regiomontano, el segundo toro del ganadero Miguel Gutiérrez en el lote del torero de La Vega, fueron un largo silencio poblado de clamores. Honda tiniebla de luz, paradoja que resuelve el hervor de las sangres encontradas que se combaten, se aman, se rechazan y se ansían.
El toreo de Benítez es sombra de luz de Venezuela, honda y densa para un sol andino radiante, sombra torturada y fresca para un sol que se desploma sobre el perfil de una patria adolorida, sombra humilde de los excluidos para la luz de la hornacina, sombra de majestad para el crepúsculo de la esperanza de libertad que cubre con sus llamas la cordillera nevada de Los Andes.
Estuvimos a milímetros de la faena perfecta. Había el caraqueño triunfado en el primero de la tarde. Las dos orejas no fueron suficientes para Leonardo tras la faena al toro descompuesto, al que su asentada bronquedad tomó poco a poco el temple y el tono que el torero le marcó con el ir y venir del acompasado engaño. No es Benítez de los toreros que bajo la enseñanza de los maestros perdieron el alma, para sustituirla con la norma. Es el caraqueño un torero impetuoso y celoso, que si conserva restos de los moldes académicos, normas indispensables para el buen toreo, ha eliminado lo superfluo, lo frío y lo anticuado.
Leonardo Benítez recibió durante el tercio de banderillas del quinto toro de la tarde, un fuerte golpe y tremenda paliza que le dejó sin sentido. Luego de eternos minutos se repuso y evidentemente disminuido fue convirtiéndose en el toreo, con absoluto dominio y emotiva expresión hasta realizar su impresionante faena con el gran toro manizaleta.
Ha adquirido un bravo calor de estío en su toreo, que no es flor, ni fruto, ni follaje, es raíz imperiosa con olor a tierra, toreo de mediodía tropical. Pura fuerza y todo luz.
Leonardo es el toreo como faena, como faena de campo es la siembra, el riego y la cosecha, porque Benítez es el toreo que sujeta y domina. Es toreo de faena.
RAFA RODRÍGUEZ: JOVEN CENTAURO
Agigantados han sido los pasos del muy joven rejoneador Rafa Rodríguez, pues con la escasa experiencia que pueden darle unas cuantas corridas en provincia, se vio mucho más puesto, seguro y torero que los invitados españoles que le acompañaron en la temporada de la Feria del Sol. No cabe duda que todo esto es el resultado de una férrea disciplina y ardiente vocación. Con el tordillo embelezó al público con la sorpresa de sus quiebros, y su montura castaña convirtió en templada muleta su cola al acariciarle el morro al toro de Gutiérrez. Farpas seguras, hermosas banderillas y certero rejón de muerte para conquistar los trofeos de una oreja en la plaza y el de la Feria del Sol entre los toreros de a caballo.
HAZ Y ENVÉS EN LA EXPRESIÓN
Tardó mucho en venir José Antonio Morante de la Puebla, y en su brevedad ante el segundo toro pellizcó el arte, joyel que anunciaba su traje de emperador, gala azabache y alelí; y de blanco y negro se tiñeron sus ganas. En el primero tiró línea, y en del hasta luego el sevillano pellizcó embarullado con la capa, y sobó el arte en sus doblones y derechazos. Mató de estocada trasera y le concedieron una oreja. Envés del artista es el valiente Barrera. También sevillano este Antonio Guerrero con espada mellada. Lo romo de su estoque le impidió cortar las orejas, pues estuvo eficaz para el tendido en sus bravíos trasteos.
FICHA DE LA CORRIDA:
Plaza de toros Monumental de Mérida, martes 5 de febrero 2005.
TOROS de Miguel Gutiérrez, de Manizales, Colombia. Terciados, en exceso el segundo de la tarde, algunos con edad y todos bravos con los caballos. De excepción por su clase el quinto, de nombre Regiomontano. Al séptimo le dieron la vuelta al ruedo. PESOS: 436, 432, 425, 440, 450,425 y 448.
LEONARDO BENÍTEZ, Limón y oro (dos orejas y dos orejas): MORANTE DE LA PUEBLA, Azabache y alelí (silencio y una oreja); ANTONIO BARRERA, Malva y oro (palmas y palmas)
INCIDENTES:
La gran faena del caraqueño Leonardo Benítez fue superior al histórico trasteo de Enrique Ponce, premiado con las dos orejas y el rabo, para los jueces del Trofeo Feria del Sol 2008 en la ciudad de Mérida.
Estos fueron los premios y sus triunfadores:
- Triunfador de feria: Enrique Ponce, por su faena al toro No. 444, 440 kilos, Vitolo, de la ganadería Rancho Grande en la segunda de feria, el 1/2/2008, al que le cortó dos orejas y un rabo.
- Mejor Faena: Leonardo Benítez, a su segundo toro, No. 285, 450 kilos, Regiomontano, de la ganadería de Ernesto Gutiérrez.
- Mejor estocada: David Fandila "El Fandi". Al toro Limador, No. 17, de 434 kilos, negro, de Rancho Grande.
- Mejor Rejoneador: Rafa Rodríguez.
- Mejor Vara: Juan José Campos, al toro No. 289, 448 kilos, Duende, negro de Ernesto Gutiérrez, y último toro de la feria.
- Mejor Ganadería: Ernesto Gutiérrez de Colombia.
- Mejor toro: Al toro Duende, No. 289, 448 kilos, negro de Ernesto Gutiérrez y último de feria.
- Toro mejor presentado: As de Copas, No. 21, de 489 kilos, cárdeno, de la ganadería de Los Marañones.
- Mejor quite de Peligro: Alí Trejo.
- Mejor Subalterno: Fabián Ramírez.
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