Blog de Víctor José López /Periodista

sábado, 27 de octubre de 2007

CINCO MIL AÑOS DE BEISBOL

Juan Vené llega a la obra cumbre de su vida gracias a César Miguel Rondón. Sucede que cuando Beatriz Rozados organiza el bautizo del Gran libro de la salsa, excelente libro de César Miguel, se le ocurre amenizar el acto con Oscar de León y su orquesta. Nada mejor ni más adecuado, por supuesto. Cuenta Beatriz, directora general de Editorial B que ese día descubrió intereses ocultos, aunque muy auténticos, del lector venezolano. Nos cuenta ella que ese día, mientras Oscar deleitaba la audiencia con su magnífica música, gente que estaba en el Hotel Eurobuilding en actos o reuniones distintas a la presentación del libro de César Miguel Rondón se acercaba a la reunión para comprar el libro. Un libro costoso, por tratarse de una edición de lujo, con un precio cónsono con el esfuerzo editorial. Lo que poco le importó a los lectores. Se vendió todo.
Beatriz, al día siguiente hizo una encuesta entre compañeros de trabajo en la Editorial B, y preguntó que “quien en Venezuela era la persona más enterada en el beisbol”. Casi al unísono respondieron que Juan Vené.
El periodista viajero por aquellos días presentaba una charla que anunciaba “Cinco mil años del Beisbol”; y, a intervalos de la misma, firmaba libros por él escritos y autógrafos a coleccionistas.
Beatriz asistió a la charla, compró el libro, se puso en la cola para pedirle un autógrafo y le propuso la edición del libro sobre el tema recién tratado en la conferencia.
Juan le dijo que ese no era momento para hablar del tema, pues había mucha gente en la fila. Acordaron que Vené llamaría a Beatriz.
Pasaron dos, tres y hasta cuatro días y Juan no llamaba, hasta que un día sonó el teléfono y podría decirse que integraron un equipo para sortear serios problemas y descubrir grandes satisfacciones hasta producir el maravilloso libro que hoy, en horas del mediodía, se bautizará en Caracas.
Estamos seguros se trata de una obra monumental. Por la profundidad de lo escrito y lo hermoso de su presentación.
No cabe duda que es un valioso aporte al estudio del juego de pelota

¡QUE VIVAN LOS ESTUDIANTES!

Fue nuestra consigna cuando surgió en el corazón urbano de Caracas aquella hermosa marcha desnuda de las tradicionales consignas de la política tradicional y que exigió respeto para los derechos fundamentales del hombre civilizado.
¡Qué vivan los Estudiantes!
Vuelve a ser nuestra consigna, en los momentos más difíciles que vive la nación: la víspera de convertirnos constitucionalmente en un país socialista y a las puertas de formar parte del club de naciones que tienen como paradigma el gobierno de Cuba.
Sí, ¡Que vivan! Aunque el presidente de la República se haya propuesto provocar la violencia a toda costa para lograr la sovietización de la nación venezolana. Aunque las hordas cubanófilas, calcando la conducta del fidelismo, evadan el debate, eviten el diálogo, provoque la agresión, la intransigencia y la intolerancia.
Los defensores de la reforma inviable han llegado al extremo de irrespetar la historia digna de Venezuela, encarnada en un gran hombre y un venezolano ejemplar, Pompeyo Márquez. Fanáticos de un modelo rechazado por la nación venezolana, quienes con su conducta confirman que el Ministro de la Defensa, cuando pide calma u respeto a la disidencia es parte del doble discurso del régimen militar.
¡Que vivan los Estudiantes!

sábado, 20 de octubre de 2007

APUESTA ANTE LA INDIFERENCIA


Anunciado el 11 de noviembre en Valencia

Eduardo Valenzuela
una apuesta ante la indiferencia

por EL VITO



El domingo 11 de noviembre luce sobre el papel como el cartel de la indiferencia, para el aficionado común, para el que sigue los escalafones de la temporada europea y no se da cuenta que la resaca del mar cambia constantemente la plaza del toreo.
Ese día, en la Monumental de Valencia, se lidia una corrida de toros de la ganadería de La Cruz de Hierro, en nuestro criterio el esfuerzo ganadero más importante realizado en el continente americano en los últimos cuatro lustros de la historia del toreo. Su propietario, Orlando Echenagucia, quien ha de morir como los peces, por la boca y por bocón, ha invertido en tiempo, dinero, sacrificios, desvelos y errores lo que nadie en Venezuela y América.
Todo este magnífico esfuerzo se resume en un fruto: el toro de La Cruz de Hierro.
Astado único en Venezuela y Sur Amér4ica, con personalidad y hasta con leyenda, al que Echenagucia se atreve echar a la plaza con los cuatro años cumplidos, en plenitud de su desarrollo e intacto de sus defensas, virtudes reclamadas por el buen aficionado, el taurino honesto y que son las únicas virtudes que sacarán al toreo del marasmo en que se ha hundido en Venezuela.
Entiendo que estas líneas no son nada simpáticas, y debe entender usted, amable lector, que no es la intención de este reportero taurino ser grato a quienes mueven los hilos de la fiesta. Hilos que han convertido el toreo en un guiñol, un títere sin gracia, sin mensaje, que se mueve a los intereses de las figuras de la fiesta, complaciente y con penoso espíritu hasta convertirse en parte de la patraña que es el toreo nacional, donde, por cierto, no le veo continuidad a Orlando Echenagucia, quien destaca como una isla en el inmenso océano de la soledad vocacional en la cría del toro de lidia.
Pues amable lector, este cartel de la indiferencia reúne a tres toreros muy interesantes.
En primer término el extremeño Martín Quintana, torero de escasos méritos, mucho menos que la mayoría de los espadas nacionales que se quedarán si hacer el paseíllo en Valencia mientras en el consulado español en Caracas maltratan a los venezolanos en su intento de ir a torear a España.
También el sevillano Manolo Escribano, quien con valor, ganas de estas y mucha disposición firmó esta corrida con la espada en Tovar cuando se hizo de todos los trofeos de la Feria de Nuestra Señora de Regla.
En tercer lugar está Eduardo Valenzuela, un torero al que se le hace justicia y mucho más en esta oportunidad que se le coloca ante una corrida de calidad, de mucha calidad ante cuyos ejemplares los buenos aficionados sabrán valorar el talento, disposición y sentido del toreo de este espada por el que apostamos fuerte en esta tarde del cartel de la indiferencia.

CON RENATO CAPRILES

CON RENATO CAPRILES
RECORDANDO AQUELLAS ORQUESTAS

Conversando con Renato Capriles, recordó que cuando él se inició con Los Melódicos en Caracas había más de veinte orquestas, lo que se conoce históricamente como las “Big Bands”, conjuntos que nacieron por los años treinta y cuarenta inspiradas por aquellas bandas norteamericanas. Bandas de jazz, integradas con más de una docena de músicos y que fueron dirigidas por grandes directores como Tommy Dorsey, Benny Goodman, Fletcher Henderson, Freddy Martin, Guy Lombardo. y el celebérrimo Glenn Miller con quien la denominación cambió de “Big Band” al de “Sweet Band”, por la melodía que le imprimió al swing, una dulzura que inundó los escenarios de Europa, Norte América y el Caribe, influyendo grandemente en la formación de conjuntos orquestales en Cuba, República Dominicana y México.
Renato se inspiró en el maestro Luis María Frómeta, un dominicano que llegó a Caracas muy joven, siendo un estudiante, que le animaba la música y que en el tiempo se hizo más caraqueño que la Plaza Bolívar, creando una orquesta que enamoró a la ciudad y a sus hijos desde 1940. Primero fue con el nombre de Happy Boys, transformándose en la popularísima Billo´s Caracas Boys, orquesta que llenó de ritmo y melodías el Roof Garden, primero, y todas las salas de fiesta de Caracas y Venezuela hasta invadir escenarios de la Costa Atlántica de Colombia y popularizarse en las Islas Canarias y la Península Ibérica como un grato emblema musical patrimonio de Venezuela.
Recuerda Renato Capriles que, cuando él comenzó, además de la Billo´s existían las agrupaciones de Aldemaro Romero, Luis Alfonso Larrain, Carlos Torres, Los Peniques, Arnaldo Nali, Pedro Jota Belisario, Hermanos Belisario, Juanito Arteta y Chucho Sanoja entre otros maestros (Aquí me traiciona la memoria, que no pude registrar todos los conjuntos que apuntó el maestro Renato)
- “Hoy no hay más de tres, incluyendo Los Melódicos” afirma Capriles, de aquellas orquestas que competían musicalmente en escenarios como el Casablanca Tennis Club, hoy Hermandad Gallega, Clubes como El Paraíso, Los Cortijos, Las Fuentes, Terminal de Pasajeros de La Guaira y el mismo Caracas Country Club. Hoteles que en Carnaval se convertían en salas de fiesta inmensas y popularísimas, como El Tamanaco y el Ávila, con su slogan “en el Ávila es la cosa”, o pequeños cabarets como Tonys y Le Garage, donde apenas cabían las orquestas que atraían las famosas “Negritas” del Carnaval. Además todos los clubes militares, los círculos en Los Próceres de Caracas, Maracay, San Cristóbal y los clubes de suboficiales en Caracas y en Maracay.
Renato Capriles y su orquesta Los Melódicos celebran 50 años de actividades con un récord mundial no registrado: haber unido en los lazos del amor a miles de parejas. ¡Felicidades en el medio siglo Renato!

sábado, 13 de octubre de 2007

LA TERTULIA EN LA PELOTA

Regresa la pelota, y con el beisbol vuelve el calor a la sabrosa tertulia entre los fanáticos. Un tema que recuerdan, tanto caraquistas como magallaneros es el inagotable de Willie Horton, aquel bateador designado del Magallanes que fue nombrado manager del equipo luego del estruendoso fracaso del cubano Octavio Cookie Rojas. Desde que Horton tomó en sus manos las riendas del equipo, Carlitos González, desde los micrófonos del Circuito leones del Caracas en Radio Rumbos se dedicó a censurarle cada acción, cada paso, todos sus movimientos. El campeonato se convirtió en un pugilato entre Carlitos y Horton, quien sin experiencia como manager y de espaldas al “librito” clasificó al Magallanes de primero, a pesar que Cookie Rojas lo había dejado en lo más profundo del sótano de la campaña con apenas 18 victorias en 40 juegos. Horton logró remontar hasta 39 triunfos y, más tarde, se hizo de la semifinal y del título de la Liga. Además fue Campeón del Caribe, un título que le reventó la paciencia a los caraquistas. Cosas como las que narra Nelson Martínez, en su libro Toque de beisbol…, fueron las que sacaban de quicio al comentarista Carlitos González y provocaba goce a los magallaneros. Un día, nos cuenta Nelson, el 13 de diciembre de la temporada de 1978, Alan Wirth había permitido 9 hits, 4 carreras y al cierre del noveno la lógica indicaba que sacara al pitcher para traer un relevo y enfrentar al tercer, cuarto y quinto bate del Caracas. Horton dejó a su pitcher, que al primer lanzamiento recibió un imparable de Bob Molinaro. Carlitos se desgañitaba en la cabina de Rumbos, refiriéndose a la lógica que se supone existe en la pelota. Pues bien, Wirth ponchó inmediatamente a Marcano Trillo y Antonio Armas y “cerró con broche de oro” el partido. Otro día, tercer juego de la semifinal, tenía que batear el propio Horton que figuraba entre los mejores bateadores de la Liga. Pues nuestro Willie llamó al novato Rafael Cariel, provocando desconcierto en tribunas y comentarios de los “sabios”. Cariel le tapó, una vez más, la boca a Carlitos y conectó un hit al jardín central para impulsar la carrera de Oswaldo el Gago Olivares y dejar en el terreno al Caracas. Cariel fue protagonista de la irreverencia de Horton para con el famoso e inexistente librito, y es de recordar que un día con Olivares y Mitchel Page en bases, finalizando el juego decisivo para ganar o perder el campeonato, volvió a sustituirse por Rafael Cariel. Cariel no lo dejó mal, conectó un hit que empujó al Gago con la primera de las cuatro carreras del rally que le dio el título a Magallanes y el boleto para viajar a la Serie del Caribe. … El libro de Nelson Martínez, amables lectores, es una gozadera e imprescindible para las tertulias que renacen con el inicio del Campeonato Profesional de beisbol en Venezuela.

sábado, 6 de octubre de 2007

EL CHE EN MADRID

El periodista Antonio D. Olano fue encargado por Domingo González Lucas, hermano mayor de Luis Miguel Dominguín, para que “se encargara” de la visita de El Ché Guevara a Madrid. Dominguito era el rojo de los dominguines, mientras que Luis Miguel mantenía las más cercanas relaciones con el generalísimo Francisco Franco y el entorno del poder.
Una noche de jueves taurinos, concluida la novillada y reunidos en la barra de Los Timbales. Olano me contó que fueron dos las oportunidades que el guerrillero estuvo en la capital de España, la primera en una escala de su viaje a Egipto, a una reunión internacional con Gamal Abdel Nasser y la otra de regreso a Cuba de aquel viaje al norte de África, en septiembre. La condición que Franco puso para que el héroe de Santa Clara anduviera a sus anchas, uniformado, armado y en compañía de un grupo de cubanos y soviéticos fue que “no haga contacto con la oposición”. El gobierno de Franco no le distinguió con recibimientos o entrevistas. Aquel año Franco recibió al general Dwight D. Eisnhower, presidente de los Estados Unidos, enemigo de Fidel Castro y gran arquitecto del Plan Marshall que tantos beneficios económicos llevó a la aislada España. Fue el 13 de junio DE 1959. No hubo recibimiento oficial para quien sólo un año después sería ministro de Industria de Cuba, aunque los servicios secretos del Gobierno español no le perdieron de vista durante las horas que pasó en Madrid.
El Ché Guevara, uniformado con el mismo uniforme chino, que ahora viste el Ejército Bolivariano de Venezuela, y con su puro Cohíba se paseó por las calles de Madrid el 13 de junio de 1959. Visitó la plaza de toros de Vistalegre, que era propiedad de Luis Miguel Dominguín y administrada por Dominguito. Pidió conocer la Ciudad Universitaria de Madrid, la Plaza de Oriente y el Palacio Real, y en compañía de Antonio D. Olano y de Dominguito Dominguín recorrió algunos barrios y tascas de Madrid.
En septiembre, a su regreso de la Cumbre de Países no alineados, volvió a Madrid. Olano le había reservado en el Hotel Suecia, y el primer día visitó Galerías Preciados, los almacenes propiedad de Carmen Polo de Franco, que marcaron la pauta comercial en España y que en el tiempo serían sustituidos por El Corte Inglés, los almacenes del escandaloso negocio entre Felipe González y Gustavo Cisneros. Esa visita a Preciados fue informada por El Diario de la Marina de La Habana, sin aturorización de El Ché. Ese reportaje provocó el cierre del periódico más importante de Cuba y fue el primero de los pasos de una larga y penosa caminata contra los medios de comunicación cubanos, hasta llegar al monopolio absoluto de la información por el régimen fidelista y la eliminación de cualquier medio que intentara oponerse a la revolución.
De su segunda visita es la foto que reproducimos hoy, gracias a la diligencia del periodista Federico García de la Agencia EFE de Madrid. Aquí vemos al guerrillero en barrera de primera fila, junto a cubanos con sus puros, uniformado y con un catire a su izquierda que a todas luces debe ser un ruso.
Hubo un tercer viaje en octubre de 1966, pero El Ché en el pasaporte no se identificaba como Ernesto Guevara Lynch, sino como Ramón Benítez, una falsa identidad, nombre que continuó utilizando después en su actividad guerrillera en Bolivia para su proyecto de insurrección en toda América Latina.
Steven Sohderberg rueda dos películas en las que Benicio del Toro encarna al guerrillero: El argentino y Guerrilla, mientras que Barcelona presentará para fines de este año la exposición Che, revolucionario e icono. La Fiesta del Partido Comunista de España se cerró en septiembre con un coloquio sobre la figura del comandante, de quien hay un monumento en la ciudad madrileña de Leganés.